Sputnik está presente en el taller 'Tecnologías avanzadas rusas para América Latina y el Caribe', que se lleva a cabo en Santiago de Chile. Durante este evento, especialistas de la industria y académicos de los países latinoamericanos y Rusia tienen la oportunidad de intercambiar experiencias sobre cómo encarar la nueva revolución industrial que implica la tecnología 4.0.
"Estamos trabajando para crear una red latinoamericana de robótica con las experiencias de todos los países. Es una experiencia de 'glocalización', es decir, la globalización para solucionar problemas locales", dijo Carlos Chanduvi, jefe para América Latina de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI).
La ONUDI es una de las entidades organizadoras del evento junto al Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa, el Comité Nacional de Cooperación Económica con los Países de Latinoamérica y Rusia (CN-CEPLA) y Robotics Lab, entre otras entidades.

El objetivo es crear sinergias entre el país eslavo y América Latina para desarrollar tecnologías avanzadas y obtener beneficios de manera conjunta. Los países de América Latina pudieron compartir sus experiencias en el campo de la robótica y las políticas de incentivo a la innovación y la investigación.
En Argentina, un país donde la pequeña y mediana empresa (PYME) es la base del sistema productivo, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial se propone desarrollar métodos que tengan una aplicación real, explicó el representante de la institución, Daniel Martínez.

Según Martínez, los datos recabados por la cámara de industrias metalmecánicas indican que de un total de 25.000 empresas, una encuesta realizada sobre 2.000 reveló que un 20% utiliza algún tipo de robótica en sus empresas. Sin embargo, gran parte afirmó que no cuentan con estas tecnologías por considerarla "muy costosa" o por no poseer "la información necesaria para tomar una decisión al respecto".
En Bolivia, las competencias en informática, robótica y programación han provocado una verdadera "explosión" del sector en los últimos años, dijo Willmar Pimentel, de la organización Bolivia Tech Hub. El desarrollo, desencadenado en las últimas décadas, ha sido exponencial.

El especialista recordó cómo en los años 60 en EEUU se incentivaban las competencias de ajedrez, por la creencia de que las máquinas que podían participar en una partida "iban a acabar con el mundo".
La Olimpíada Boliviana de Informática pasó de tener 1.800 participantes en 2011 a más de 19.000 en 2017. La de Robótica, pasó de 1.000 a 12.000 en 2017. La sección local de la competencia internacional ICPC en Bolivia es la tercera más grande de América Latina.
"La mecatrónica se puso de moda en Bolivia. Después de 2014, se pasó de una a cinco carreras universitarias de mecatrónica. Eran procesos que se venían dando, pero se aceleró con el 'boom' de esos años", dijo Pimentel.
Sin embargo, a pesar de que Bolivia dispone de un satélite propio y ha alcanzado algunos avances en su desarrollo tecnológico, el país sufre de una fuga de cerebros.
"Las startups aprenden muy rápido y saben dónde están las nuevas tecnologías, pero el Gobierno se toma mucho tiempo para eso, quizás dos años, y en ese tiempo las tecnologías son otras", dijo Carlos.
En ese sentido, las tecnologías que desarrollan estas pequeñas compañías en base a las nuevas tecnologías podrían brindar soluciones a las grandes industrias. La brasileña puso como ejemplo una en su país que vendió tecnología a la General Motors capaz de reducir 400 toneladas de carbono de emisiones en una planta industrial, que se promoverá en varias plantas de la multinacional.
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El problema de las startups, dijo, es el acceso a la financiación, que existe porque muchas no cumplen con los requisitos para obtener créditos.
Chile es un ejemplo de cómo los Ejércitos tienen un rol preponderante en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, explicó el teniente coronel Flavio Narváez, quien presentó algunas de las iniciativas de los militares del país suramericano.
La presencia territorial en todo el país, incluso en zonas de difícil acceso, brinda una oportunidad inigualable a centros de investigación universitarios y a empresas para poder realizar proyectos en ámbitos como la salud, el medio ambiente, la seguridad o la geología.
Por ejemplo, en la Antártida, el Ejército lleva a cabo investigaciones junto a la Universidad de Chile para conocer más sobre los ritmos circadianos. Pero también con otros centros de estudios sobre cómo generar energía térmica renovable y desarrollar dispositivos voladores no tripulados, o cómo extraer minas terrestres antipersona.
"Hay muchas universidades haciendo investigaciones. A veces no tienen los medios y capacidades [necesarias], pero con el Ejército pueden hacerlo", dijo Narváez.