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Además de comerlos, respiramos microplásticos que provienen de donde menos te imaginas

CC0 / Unsplash / Una botella de plástico
Una botella de plástico - Sputnik Mundo, 1920, 15.04.2021
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En 2019 un estudio reveló que los microplásticos no solo estaban en nuestros suelos y agua, sino también en el aire. Los científicos estimaron que provenían de las grandes urbes, donde la basura despedazada y los neumáticos de los autos dejaban pequeñísimas partecitas de sí por doquier. Sin embargo, un nuevo estudio confirmó que el origen es otro.
Ya sabíamos que los diminutos trozos de plástico de envases, bolsas y botellas estaban viajando por la atmósfera. Estos plástico que se liberan en el medio ambiente se descomponen en trozos cada vez más pequeños. La lavadora es otra fuente importante de microplásticos: cuando se lava ropa sintética, se desprenden pequeñas microfibras que terminan en las aguas residuales.
Hasta hace poco pensábamos que tenían un desplazamiento de 100 kilómetros, pero ahora se comprobó que pueden viajar a través de continentes enteros. Pues sí, no solo comemos plástico, sino que ahora también cae del cielo y lo respiramos incluso en los bosques alejados de las grandes ciudades.
"Al igual que los ciclos biogeoquímicos globales, los plásticos se desplazan en espiral por todo el planeta", afirma el estudio, dirigido por investigadores de la Universidad Estatal de Utah y la Universidad de Cornell (Estados Unidos) y publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
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Qué son los microplásticos y cómo llegaron al aire

Se le llama microplásticos a las partículas de plástico de menos de 5 milímetros. Los microplásticos que están en el aire, proceden de varias fuentes, pero todas terminan en el suelo y el mar. Esto ocurre desde hace décadas, y como los plásticos se desintegran pero nunca desaparecen realmente, la cantidad de microplásticos en el océano "se ha disparado", advierten en la revista de ciencia y tecnología Wired.
De hecho, señalan que una nueva investigación muestra que ahora puede haber más microplásticos saliendo del océano en cualquier momento que entrando en él.
"La cantidad de plásticos que hay en nuestro océano es simplemente abrumadora en comparación con todo lo que producimos en un año determinado en el medio terrestre", dijo a Wired Janice Brahney, científica medioambiental de la Universidad Estatal de Utah, Estados Unidos, y coautora del nuevo artículo de PNAS.
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Estos microplásticos no sólo llegan a la costa y se acumulan en las playas. Cuando las olas chocan y los vientos azotan el océano, lanzan al aire gotas de agua de mar. Éstas contienen obviamente sal, pero también materia orgánica y microplásticos.
"Luego el agua se evapora y sólo quedan los aerosoles", es decir, pequeñas partículas flotantes, explicó a la revista la investigadora de la Universidad de Cornell Natalie Mahowald, que dirigió el trabajo junto a Brahney.
Pero esa no es la principal fuente de microplásticos en la atmósfera. Según su estudio, en el oeste de Estados Unidos el 84% de los microplásticos transportados por el aire procedían de las carreteras de las afueras de las grandes ciudades. Otro 11%, podría estar llegando desde el océano.
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Brahney y Mahowald opinan que esto se debe a dos razones: los edificios en las ciudades impiden que el viento frote las superficies de la ciudad y expulse esos trozos, y la gente conduce los coches más despacio en las zonas metropolitanas, por lo que hay menos agitación de las partículas de los neumáticos que acaban en la calzada. Pero si salimos a las autopistas interestatales, hay mucho más espacio abierto en el que los vientos pueden levantar restos.
La triste realidad es que estos plásticos han saturado tanto el medio ambiente que, en cierto modo, "se han homogeneizado", describen en Wired. Las partículas de la ropa sintética y de las botellas y envases en proceso de degradación parecen moverse entre el aire, la tierra y el mar con tal regularidad que es difícil señalar un origen certero.
"Podría estar moviéndose por la superficie de la Tierra sin parar", coincide Brahney. "Es realmente horripilante pensar en ello".
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