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Luis Barragán, el arquitecto mexicano que quedó hechizado por la Alhambra

Cuadra San Cristóbal - Sputnik Mundo, 1920, 03.12.2021
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Tras acabar su formación Luis Barragán viajó a Europa y quedó hipnotizado por los jardines andaluces. Pronto insertaría algunos de los elementos árabes en sus obras, caracterizadas por representar emociones como el silencio, la intimidad y el asombro.
Luis Barragán no era arquitecto. O al menos no a nivel de título académico. Se licenció en Ingeniería Civil en Escuela Libre de Ingeniería de Guadalajara (México) pero siempre tuvo inquietud por la arquitectura. Pronto comenzó a formarse como arquitecto de manera autodidacta pero no sería hasta pasadas dos décadas cuando comenzaría a ejercer como tal. A pesar de ello, Barragán ha sido el único mexicano que ha recibido el premio Pritzker, el máximo galardón en arquitectura.
Al acabar su formación académica su padre le regaló un viaje por Europa, donde conoció la obra del paisajista Ferdinand Bac y quedó prendido por su estilo. Uno de las expresiones que más impresionado le dejaron fue la del sur de España y norte de África. De hecho, los característicos jardines de la Alhambra le dejaron fascinado y muy pronto empezaría a introducir algunos de estos elementos en sus creaciones.
Regresa a México cargado de toda esa potencia estética recogida en España y la influencia árabe y empieza a elaborar arquitecturas y a transformarlas en conceptos más personales. De hecho, las casas que construyó a su regreso a Guadalajara marcaron el inicio de su carrera como arquitecto. Comienza en este punto, alrededor de 1925, su primera etapa, donde prima la influencia de los elementos árabes y andaluces.
Los jardines o el movimiento constante del agua son algunos de los elementos que introduce en su obra. Ejemplo de ello es la Casa González Luna (1929), que pertenece al grupo de casas de influencia árabe que realiza durante su etapa temprana en Guadalajara.
La segunda etapa como arquitecto (1933-1934), Barragán se dedicará a construir edificaciones con una función funcional y racionalista. Su principal objetivo durante estos años será construir casas para venderlas y construir su capital. A principios de los años 40, cansado por las exigentes peticiones de la clientela, decide abandonar la práctica de la arquitectura con la excepción de construir para él mismo. Comienza a interesarse por incluir lecciones a su arquitectura y se produce un momento de inflexión en su trayectoria.
Es entonces cuando decide dedicarse a su verdadera pasión: construir jardines. Cuatro o cinco años estuvo especulando con inmuebles hasta que comenzó la gran aventura de los Jardines del Pedregal. Se inicia aquí la tercera etapa de su producción arquitectónica (1940-1988) donde une la experiencia de la modernidad y sus influencias del mundo árabe con los paisajes. Los jardines del Pedregal son escenarios surreales llenos de magia, luz y colores.
La capilla de las Capuchinas conmueve a cualquiera independientemente de si es creyente o no. Lo primero que hace Barragán es ocultar la cruz. Nada más entrar, lo único que se ve es la sombra. Cuando la luz se asuma por uno de los ventanales, la silueta de la cruz se dirige hacia el altar logrando así demostrar que aunque Dios no esté realmente a la vista, su sombra proyectada siempre existirá.
El espacio de la casa Gilardi es otra de sus grandes obras. El estanque construido en el interior de la casa simboliza el regreso al seno materno y el rayo de luz, el ángel que fecunda a María.
La casa estudio de Luis Barragán también pertenece al mismo período. Desde fuera, no destaca de las de su alrededor y perfectamente podría pasar inadvertida en el barrio de Ciudad de México donde está situada. Barragán supo mantener ese carácter sobrio obedeciendo al gesto de las demás construcciones. Por su apariencia exterior, nadie diría que se trata de una de las pocas obras latinoamericanas consideradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.
Sin embargo, al acceder a su interior todo cambia. El fuerte contraste del claro oscuro, el juego de colores y su consecuente sombra y el movimiento consiguen acentuar la figura del jalisciense, convertido en uno de los arquitectos más importantes del siglo XX, que entendió que el México moderno, tenía que ser distinto a todos los demás. Luis Barragán, el genio arquitectónico, murió el 22 de noviembre de 1988 aquejado de la enfermedad de Parkinson.
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