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Candidato a las curules de paz: "No fue fácil hacer campaña por la paz en medio de la guerra"

© Foto : Facebook/Guillermo MurciaGuillermo Murcia, candidato a las curules de paz
Guillermo Murcia, candidato a las curules de paz - Sputnik Mundo, 1920, 12.03.2022
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El aspirante a una de las circunscripciones para las víctimas habló con Sputnik sobre su vida y sobre lo que ha sido su campaña en una región como Arauca tan golpeada por la violencia.
La primera vez que Guillermo Murcia vio a un muerto tenía seis años. Lo hizo frente a su escuela, donde estaba el cuerpo de un amigo de su papá a quien asesinaron la noche anterior. "Dijeron que lo habían matado por ladrón".
Murcia recibió clases en un salón con 41 alumnos más, niños mayores y menores, pues no había recursos para dividirlos. "A usted le enseñaba el más grande y lo que uno aprendía se lo pasaba a los más pequeños".
Así cursó hasta quinto de primaria, madrugando para ordeñar las vacas de su papá y caminando después durante 45 minutos para llegar a la escuela. Así, de a poco, entendió que Arauca —departamento fronterizo con Venezuela— era una zona de guerra constante en la que ver diferentes actores armados hacía parte de la cotidianidad. También los combates. De hecho, en medio de esa normalidad podía cruzarse con el Ejército o con las FARC.
"Los mismos amigos de la familia hacían parte de uno de los bandos. Así le ha tocado al campesinado en Colombia: quedar en el medio y, al final de cuentas, verse forzado a entrar en una guerra ajena". La guerra afecta, sí, pero no siempre derrota. Y Murcia, hoy candidato a la Cámara de Representantes para una de las curules de paz, que nacieron del Acuerdo firmado entre el Gobierno y las extintas guerrillas de las FARC (2016), para darle participación a las víctimas del conflicto armado, es la prueba de ello.
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Su vida misma ha sido un resistir constante y un acoplarse al entorno y a las circunstancias. A los 16 años, como suele pasar con los jóvenes de la región, fue raspachín de coca —así se le conoce a quien recolecta las hojas de la mata con sus manos— muy en contra de su padre, un ganadero y campesino que no permitió que los cultivos ilícitos llegaran hasta sus tierras. Y por eso se fue de su casa, para poder trabajar y ganar unos cuantos pesos.
"Mi primer día raspé dos arrobas [alrededor de 22 kilogramos] y me gané 13. 000 pesos [poco más de tres dólares]. Lo hice durante un par de meses, pero luego el Ejército fumigó y se acabó el trabajo. Bueno, hubo grupos que mandaron a erradicar los cultivos", recordó.
Regresó a casa y se dedicó a ordeñar y a cultivar. También a guadañar, como se le dice en Colombia a cortar la hierba que está muy alta. Incluso administró fincas vecinas. Sin embargo, a los 21 años sufrió un accidente.
"Era un jueves y salí como el resto de días a arrear el ganado a eso de las 5:30 a.m. La noche anterior hubo combates entre el Ejército y las FARC, ruidos a los que usted ya estaba acostumbrado. Cuando venía de vuelta, a 50 metros de la casa, mi perro pisó una mina antipersona, yo estaba al lado y volé. Me fracturé las dos piernas, me lesioné los glúteos, tuve daños en riñones y pulmones. Mejor dicho: quedé vivo de milagro", narró Murcia.
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Desde ese momento vinieron cinco años muy duros y llenos de cirugías y terapias, de andar en silla de ruedas y después con muletas, de un cuerpo reconstruido. De trabajar poco y tener muchos gastos. "Mi esposa limpiaba casas y le pagaban 100.000 pesos [26 dólares], pero no era suficiente para mantenernos. Tuvimos que vender los animales, la finca y una moto. Los gastos de los tratamientos eran muy altos. La personería del municipio de Fortul nos ayudaba con mercados para poder comer”.
"¿Y ahora qué?", pensó Murcia. Había que seguir viviendo o, mejor, sobreviviendo, por lo que aprendió a arreglar celulares y montó un local en Saravena —a 57 km de la frontera con Venezuela—. "Me di cuenta que podía servirle a mi gente de otra manera. Empecé a trabajar por la comunidad y estuve en La Habana como representante de las víctimas de minas antipersona. Por fortuna no perdí ninguna de mis extremidades, como suele pasar en estos casos, pero conozco mucha gente que sí y sé lo que han tenido que sufrir".

Un secuestro esporádico

El pasado 21 de febrero, Murcia, candidato en la circunscripción especial (CTEP) número 2 —la que le corresponde a Arauca al ser territorio afectado por el conflicto armado— se encontraba haciendo pedagogía con las comunidades cuando un actor armado, bastante armado por cierto, lo detuvo a él y su comitiva en un sector conocido como Palmarito, muy cerca de Fortul. "Nos llevaron por un rumbo desconocido durante 40 minutos. Y cuando llegamos empezaron a hacer preguntas: que quiénes éramos, qué hacíamos por la zona, que quiénes eran nuestros familiares y cosas así para comprobar nuestra identidad, supongo".
Cuatro horas después, cerca de la medianoche, los liberaron. La zozobra durante ese tiempo, para él y sus familiares, fue intensa. "Uno siente que lo pueden matar en cualquier momento, como han hecho con otras personas. Y piensas en tus seres queridos y se te escapan las fuerzas. Y hay nerviosismo", relata Murcia, miembro de la Asociación de Sobrevivientes de Minas Antipersonal Luchando por la Dignidad y la Paz (Asodigpaz).
Aunque no pasó nada grave, más allá de la retención ilegal y el susto del momento, Murcia empezó a ser más cauteloso en su trabajo de dar a conocer sus ideas en el campo, a cuidarse más. "No es fácil hacerle campaña a la paz en medio de la guerra".
Por ahora, este araucano, que repite la palabra amiguito como muletilla —común en los lugareños de la zona—, sigue creyendo en que las curules de paz son la oportunidad para construir un nuevo país y para darle voz a quienes han sido afectados por el conflicto de manera directa.

"A eso le apostamos, pero lastimosamente hemos encontrado muchas trabas por parte del Gobierno Nacional. Por ejemplo: a un día de las elecciones no nos han desembolsado el dinero para hacer campaña, algo que por ley se tuvo que hacer hace mucho. Y no solo me pasa a mí, sino al resto de candidatos de estas curules. Eso es otra manera de revictimizarnos. Y ni hablar de quienes aspiran sin ser personas que cumplan con los requisitos. Y que sí cuentan con el apoyo de maquinarias políticas. Los que queremos llegar sin hacer trampas tenemos que remar contra la corriente. Eso es, como decimos acá, pelea de tigre con burro amarrado", señaló el candidato.

En cuanto a esos aspirantes que no deberían ser aspirantes Murcia prefiere no nombrarlos. "Estamos en un departamento complejo, amiguito. Mejor no le respondo".
Murcia seguirá trabajando, salga electo o no este domingo 13 de marzo, para que las gentes sepan que existe un país que algunos quieren hacer pasar como inexistente. Y que allí las personas sufren por el abandono de las instituciones y del Estado mismo, y a la vez aprenden a mezclar la esperanza y el temor.
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