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"Hasta acá llegó la prepotencia atlantista"

© AP Photo / Olivier MatthysJens Stoltenberg, el secretario general de la OTAN
Jens Stoltenberg, el secretario general de la OTAN - Sputnik Mundo, 1920, 25.03.2022
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En entrevista exclusiva con Sputnik, el sociólogo, periodista y académico argentino, Jorge Elbaum, reflexiona sobre el rol "sinsentido" de Occidente en general y la OTAN en particular, a partir de la injerencia directa que tienen en un conflicto como el de Ucrania, que se puede retrotraer a muchos años antes de febrero de 2022.
El rol de la OTAN y la Unión Europea en la situación actual de la operación militar rusa en Ucrania es central, sostiene el sociólogo y periodista argentino Jorge Elbaum. "Esto no hubiese sucedido si la OTAN hubiese renunciado públicamente a seguir integrando miembros desde la década de 1990 —incluso cuando desapareció el Pacto de Varsovia, que era la contracara de la OTAN—", agrega.

'Un sinsentido'

Lo anterior solo puede explicarse como un verdadero sinsentido, explica Elbaum, "porque ya no existe la Guerra Fría, ni hay un país comunista del otro lado, no hay ningún justificativo, sin embargo la OTAN siguió creciendo y siguió amenazando a Rusia".
En un marco político donde la existencia de la OTAN se consolida luego de la desaparición de la Unión Soviética, en un ejercicio de amenaza permanente contra un país soberano como Rusia, es "un sinsentido": la cercanía de Ucrania con Moscú, San Petersburgo y con las grandes ciudades occidentales europeas de Rusia, "supone una situación que fue comprensible", como lo fue adelantando el ex secretario de Estado Henry Kissinger, de que esa permanente situación de amenaza "implicaba terminar en un conflicto como este", lamentó Elbaum.

¿Tenía Rusia otra salida?

Sobre si Rusia tenía otra salida para garantizar su seguridad, la pregunta queda en segundo plano ante el hecho de que, según Elbaum, Moscú buscó resolver esta contradicción, "durante diez años, de muchas formas posibles".
Los intentos de proporcionar un marco de estabilidad y seguridad regional por parte de Moscú fueron, "por un lado, cuestionando la integración de nuevos países a la OTAN de 1997 hasta acá. Por otro lado, tratando de, en el marco del Tratado de Lisboa [tratado constitutivo de la UE en reemplazo del Tratado de Maastricht de 1992], de generar un marco de seguridad europea conjunto que tenga en cuenta, obviamente, la seguridad de cada uno de los países", observa.
Rusia ha sido "bastante paciente. Porque desde 2014 hasta acá no solamente estuvo presente la permanente amenaza de la OTAN en Ucrania, sino que se sumó obviamente con la limpieza étnica de los rusohablantes en el Donbás, y la prohibición del idioma ruso, la persecución de la religión ortodoxa rusa y la humillación que supone desconocer a quienes lucharon contra el fascismo y poner en su lugar monumentos de nazis confesos como Stepan Bandera", afirma el sociólogo y periodista.
Se refería al líder nacionalista ucraniano que apoyó la invasión nazi a la Unión Soviética en 1941.
Elbaum enfatiza en que tal combinación, fue generando un clima en el cual Rusia ya no tenía otra posibilidad que hacer una intervención militar.
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¿Son atendidas las alianzas de Zelenski?

"Zelenski como referente de los grupos más nacionalistas reaccionarios de Ucrania, están tratando a toda costa de generar la máxima cantidad de bajas al Ejército ruso por un lado, y trabajan sobre la base del desprestigio en occidente, sobre todo en Europa y EEUU", afirma Elbaum.
Pero el resto del mundo es muy consciente, y lo han demostrado Pakistán, India, China y el sudeste asiático, por donde pasa el 70% de la producción de bienes materiales a nivel mundial, "que no se sumaron a esta persecución y denigración de Rusia, iniciada —insisto—, por EEUU y la OTAN, con el único objetivo de que no haya otro poder más allá de Washington".
Sin embargo, el académico insiste en que el tema de fondo es un tema geopolítico. "Estados Unidos no quiere que Rusia se rehaga y vuelva a constituirse en un actor central de la política multilateral. Pretende guiar los destinos de la humanidad en absoluto aislamiento, y bueno, Rusia ha dicho basta y puso de alguna manera un límite".

Un límite geopolítico de Rusia que para ojos de Elbaum sirvió "para decir hasta acá llegó la prepotencia atlantista y no vamos a soportar más ser humillados y amenazados por una estrategia militar que no tenía ningún sentido de ser, siendo Rusia incluso un país capitalista, integrado energéticamente a Europa y con muchas intenciones —lo ha demostrado—, de ser parte cooperativo a nivel internacional", manifestó el sociólogo.

La censura a Sputnik y los medios rusos

Las estrategias de manipulación comunicacional, mediática y simbólica vinculadas a este conflicto armado, han sido estudiadas en lo que se llama la "propaganda bélica", destaca Elbaum.

"Todos sabemos que cuando hay un conflicto, lo primero que muere es la verdad, y las verdades que se constituyen. Muchas de ellas están armadas con el objetivo de impactar al enemigo y en la posibilidad de que ese enemigo no pueda lograr sociedades ni vínculos con terceros".

En ese sentido, lo que estamos viendo es algo "muy curioso", en la estrategia occidental liberal de censurar la opinión, en este caso de plataformas rusas, "algo bastante raro en quienes reivindican la pluralidad de voces".
"Eso demuestra cierta debilidad, creo yo, de que la comunicación y el desarrollo comunicacional hecho por Rusia en las últimas dos décadas ha mejorado muchísimo. Ha logrado debatir y rebatir ciertos discursos rusófobos y hoy por hoy occidente no soportó debatir a través de plataformas y empieza a prohibir, cosa que la ubica en un lugar de bastante debilidad", acusa Elbaum.
Elbaum es escéptico de los discursos occidentales que hablan de la ‘irracionalidad’ de Putin. "Se quiere ubicar a Putin como un führer, y no hay nada más lejos que eso, esta intervención militar es defensiva. Absolutamente defensiva. No tiene nada que ver con las invasiones realizadas por la Alemania nazi y justamente lo contrario, y hay un tema clave ahí, la expresión más nazi en este conflicto esta presente en los sectores más reaccionarios presentes en Ucrania", manifiesta.
De hecho, "todos los neonazis de Europa están viajando a Ucrania para ser parte de ese supremacismo blanco. Rusia es un país multicultural, con 36 idiomas, 40 millones de musulmanes, no hay ningún problema en administrar esa pluralidad. Creo que ha quedado demostrado en los últimos años", agrega.
Lo que no puede hacer ningún país es someter a otro a una amenaza permanente de su seguridad, "y Putin ha sido claro al respecto y yo suscribo. El gran error de Stalin de confiar en Hitler en el año 1938 significó, sobre todo entre 1941 y 1943, una sangría de millones de víctimas en aquel momento soviéticas".
"Rusia, luego de ese trauma, no puede correr el riesgo de que suceda lo mismo. En ese sentido, esta intervención requiere poner fin a la estructura militar ucraniana consolidada con dineros de Estados Unidos para emplazar a futuro a la OTAN, desnazificar el país e impedir la continuidad de la limpieza étnica que estaban haciendo los sectores nazis ucranianos", advierte.

La insistencia en negar el rol nazi en Ucrania

Según Elbaum, la prensa occidental pretende invisibilizar la historia y el desarrollo del conflicto. "Se hace creer que la guerra empezó ahora en febrero de 2022, ocultando que la guerra en realidad se inició en 2014, creo yo, el 2 de mayo de 2014 con el asesinato en Odesa de 47 manifestantes que fueron encerrados en el Palacio de los Sindicatos y quemados vivos por hooligans neonazis".
Ese fue el inicio de una Guerra Civil que tuvo como característica la persecución de rusoparlantes, básicamente al sur del país y en el Donbás. Se pretende negar por un lado, la predominancia de los sectores neonazis en la escalada del conflicto.
"Se rebate diciendo que el 'Sector Derecho', una agrupación neonazi ucraniana, sacó sólo el 2%. Pero se esconde que los grupos paramilitares y policiales neonazis fueron adscritos a las Fuerzas Armadas de Ucrania", añade.

"Todos los países tienen neonazis, acá en la Argentina también hay, en Uruguay, en todos lados hay neonazis. Pero no sabemos, no conocemos ejemplos salvo el de Ucrania, donde neonazis hayan sido nombrados como empleados militares del Estado, incorporados a las Fuerzas Armadas. Eso es el caso de Ucrania y pone en evidencia efectivamente, que la característica de limpieza étnica que buscan hacer en relación a lo que ellos denominan población eslava, creyéndose vikingos, como si fueran ajenos a los procesos migratorios que se dieron en esa zona, que obviamente implican una hibridación constante".

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¿Permisividad de Kiev en la materia?

Según Elbaum, más que un fenómeno de permisividad con el neonazismo, en Ucrania ocurrió un fenómeno de asociatividad de Zelenski y los grupos que tomaron la hegemonía del poder tras el Euromaidan de 2014.
"Se produjo una compulsa de poder al interior de Ucrania, y aquello que era un pacto de no agresión entre pequeñas comunidades —rusas, gitanas, bielorrusas, húngaras, polacas—, se constituyó en que uno de esos sectores que se reivindicaba heredero del nacionalismo que fue parte de las SS durante la Segunda Guerra Mundial se quedó con el poder real y empezó a perseguir fuertemente a las minorías. Eso duró casi ocho años hasta llegar a esta terrible situación actual", expresa Elbaum.

La metida de pata de Zelenski en el Knesset israelí

El 20 de marzo, Zelenski se dirigió al Parlamento israelí en búsqueda de sumar apoyos a la causa otanista en Ucrania y comparó la operación militar especial rusa en Ucrania con el Holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial, lo cual no cayó nada de bien entre diversos sectores políticos y de la sociedad israelí.
"La opinión que tengo sobre las palabras de Zelenski en el parlamento Israelí —que en hebreo se dice Knesset—, son la mismas que han dado muchísimos referentes de diferentes partidos políticos israelíes, que quedaron indignados con la comparación que hizo Zelenski entre esta intervención militar rusa con respecto a la Shoá o el Holocausto", lamentó.
"Comparar esta intervención militar rusa con la Shoá es un insulto a los seis millones de víctimas, pero también es un insulto a los 28 millones de soviéticos que entre 1941 y 1945 resistieron y triunfaron en la Gran Guerra Patria rusa, que nosotros llamamos Segunda Guerra Mundial", sostiene el sociólogo argentino.
Elbaum va más allá y sostiene que Zelenski quiere hacer "esa comparación bestial, sin hacer referencia a las garantías humanitarias que está dando la intervención militar rusa con los civiles, sin advertir que tiene objetivos solamente militares".

"La gente olvida que el nazismo no fue solamente antisemita, sino que fue profundamente antieslavo en el marco de esa doctrina nazi del espacio vital, que generó 28 millones de muertos —la mitad de todos los muertos de la Segunda Guerra Mundial—, y que la gente no entiende que mostrar una esvástica a un ruso es un insulto a esas 28 millones de vidas entregadas para que el nazismo no continúe hasta el día de hoy en Europa", subraya.

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