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Las plantas sagradas latinoamericanas ganan espacio entre la ciencia occidental

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Hongos - Sputnik Mundo, 1920, 10.08.2022
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Violeta Sustaita se describe como una facilitadora de Ayahuasca. Después de meses de enseñanzas en Colombia, y tras probar cientos de veces la sustancia para conocer "todas sus posibilidades", desarrolló su propio método para ayudar a las personas a iniciar "toda una reestructuración de su sistema neuronal", según sus palabras.
Lo que hace siglos se consideraba magia o incluso brujería, hoy se estudia como potenciales tratamientos para la atención de depresión y varios trastornos mentales, en un mundo que hasta hace unas décadas consideraba la salud mental como un tema tan irrelevante y descartaba cualquier tratamiento alternativo a la medicina occidental.
Los hongos mágicos mexicanos (popularizados fuera de las culturas indígenas por Robert Wasson en la revista Time, en 1957, cuando contó la historia de María Sabina), la Ayahuasca hecha con plantas endémicas del Brasil, Perú y Colombia, y hasta el LSD (sintetizado por Albert Hoffman en 1943) hoy forman parte de estudios clínicos que buscan desarrollar y explotar las propiedades terapéuticas que, por décadas, incluso, se llegaron sólo a considerar como catalizadores de psicosis.
Desde la Universidad Complutense de Madrid, el Instituto Nacional de Psiquiatría de México y hasta la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), ya han aprobado y realizado estudios clínicos sobre los potenciales efectos terapéuticos que pueden producir este tipo de medicinas ancestrales a pacientes con depresión y la ansiedad.
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Sin embargo, el reto de la ciencia dura es comprender una cosmovisión prehispánica que lejos está de los métodos tradicionales, pero cuyos resultados son palpables para los investigadores, así como avalar los usos tradicionales de las plantas medicinales, en particular las psicodélicas.
Porque para facilitadoras como Violeta, la ayahuasca sin el acompañamiento adecuado, sin el proceso de autoconocimiento y sin la intención de atender los patrones de conducta nocivos, no tiene efecto.

Es empezar a observar qué crees, cómo vives, que te cuestiones: ¿por qué siempre tomas las mismas decisiones que te llevan al mismo resultado? Desde ahí iniciar un proceso de autoindagación muy muy profundo", explica Violeta Sustaita.

La ciencia detrás de la magia

En referencia al misticismo que rodea a las plantas sagradas latinoamericanas, el investigador del Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina de la UNAM, José Luis Díaz Gómez, explica en entrevista para Sputnik que el dimetiltriptamina de la ayahuasca, la mezcalina del peyote, la psilocibina de los hongos y hasta el LSD "tienen cierto parentesco químico entre ellas", ya que tienen un "núcleo indólico", es decir, "una conformación molecular que se parece a un neurotransmisor natural del cerebro que se llama serotonina".
"Los alucinógenos son como llaves y los receptores como cerraduras en ciertas neuronas del cerebro. El LSD, la mezcalina y la psilocibina se parecen a esa llave que es la serotonina y se abre el receptor. Técnicamente se dice que son agonistas, que imitan a la serotonina en el cerebro", detalla el especialista en neuroquímica y psicobiología.
La serotonina está involucrada en procesos neurales que subyacen a la percepción, la emoción y la cognición, lo que explica en alguna medida "los efectos tan espectaculares o dramáticos que producen los alucinógenos sobre la psique humana". En referencia a su posible efecto antidepresivo se afirma que los beneficios son perceptibles desde las primeras tomas, a diferencia de los antidepresivos de uso común en psiquiatría y que tardan en instalarse varias semanas. Estos efectos están siendo analizados en diversos estudios formales.

En los estudios con imágenes cerebrales se ha encontrado que los patrones de activación del cerebro cambian de manera muy dramática con estos fármacos: hay una mayor conexión entre muchas zonas cerebrales y una mayor coherencia en la actividad cerebral. Estos efectos pueden estar relacionados con las propiedades facilitadoras de la cognición y de conciencia amplificada o expandida que pueden producir estos fármacos", indica Díaz Gómez.

Desde una perspectiva diferente, Violeta comenta que el facilitador del hongo acompaña a los participantes en el trance; comienza a improvisar cantos que son los responsables de la experiencia psicodélica del consumidor.
No obstante, no cualquier persona puede ser candidato al uso de estas sustancias. Por ejemplo, una persona con antecedentes familiares de esquizofrenia corre un alto riesgo de sufrir un ataque psicótico con LSD; en el caso de la Ayahuasca, ésta tampoco debe ser tomada por personas con esquizofrenia, bajo tratamiento psiquiátrico (incluso con 15 días sin consumo de medicamentos) o con problemas del corazón.
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Según el doctor José Luis Díaz estas sustancias han sido también denominadas como "psicotomiméticos" (especialmente el LSD), lo que significa que "imitan a las psicosis" por las alteraciones en la percepcón, la emoción y el pensamiento que llegan a producir.

Los estudios sobre su posible efecto terapéutico se dirigen sobre todo a la depresión. La mayoría de estos pacientes sufren de neurosis o depresión reactiva que no conforma un cuadro psicótico. Es una alteración del ánimo que implica apatía, pérdida de interés, tristeza, incapacidad y trastornos del sueño. Se considera posible que los efectos activadores del sistema nervioso, la ampliación de la conciencia y las experiencias de autocomprensión que suelen producir las plantas y drogas psicodélicas puedan ser útiles en el tratamiento de cuadros depresivos", agrega Díaz Gómez.

No es la medicina: es el ritual

Aunque desde mediados del siglo XX se intentó estudiar de manera formal el uso y los efectos de las plantas mágicas, el intenso auge de la psicodelia y la contracultura hippie en los 60 desembocaron en marcos normativos restrictivos y punitivos que incluso hoy siguen vigentes en los países donde estas plantas tienen usos nativos tradicionales.
"El problema fue que empezó a ocurrir una generalización del uso de fármacos adictivos, principalmente lo opiáceos, como la heroína que es muy peligrosa y se equipararon todos los fármacos que modifican cualitativamente los procesos mentales bajo el rubro de 'estupefacientes', cuando hay diferencias farmacológicas grandes entre ellos", señala el investigador de la UNAM.
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Un ejemplo reciente es el estudio clínico que impulsó hace unos años el Instituto de Medicina Intercultural de Nierika A.C., promotora de un marco regulatorio intercultural para plantas sagradas. Hace un par de años, intentaron, sin éxito, tramitar ante Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios de México (Cofepris) el reconocimiento de un estudio clínico sobre Ayahuasca que realizaban en colaboración de la UNAM. La asociación afirma que no se concretó el estudio dado que los actuales formularios no permitieron el registro.
"La medicina occidental debe acercarse con una óptica intercultural, a ver tecnologías de lo sagrado, de los pueblos indígenas, cómo puede aprender de ellos y cómo pueden integrar el conocimiento que traen ellos", afirma en conversación con Sputnik Armando Loizaga, presidente de Nierika, quien considera que los médicos tradicionales tienen derecho a establecer cómo se usan sus conocimientos.
El presidente de Nierika (organización que actualmente colabora con el Instituto Nacional de Psiquiatría de México y la Universidad Autónoma de Puebla, con apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México, para un protocolo de investigación con hongos) sostiene que si bien ya hay una apertura sobre el tema, falta voluntad política para permitir que se estudie de manera formal este tipo de rituales, ya que se enfrentan a una metodología farmacéutica occidental "que no incluye para nada los conceptos, el paradigma para poder entender estas medicinas como la entienden los pueblos indígenas".

Desde una óptica intercultural, yo no veo la ayahuasca aplicada fuera del contexto ceremonial indígena. Es un elemento de toda una orquesta, si se quiere ver así, de pensamiento y de medicina, no sólo es la farmacología de la sustancia", afirma Loizaga.

A esto se suma la imposibilidad de "estandarizar" el uso de estas sustancias o generar protocolos para saber quién sí tiene los conocimientos para brindarla, al tiempo que se debe impulsar su cuidado como "parte del patrimonio biocultural indígena".
"Aquí vas a encontrar a mucha gente que va una vez a la selva, sienten que descubrieron el hilo negro y ya se asumen como chamanes. Son un peligro", sostiene Armando Loizaga.
En este sentido, Violeta Sustaita advierte que los rituales que sólo proponen una experiencia psicodélica y no un proceso terapéutico completo son riesgosos, aunado a que pierden por completo el propósito del uso de plantas sagradas.
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