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El atentado contra Cristina Fernández de Kirchner y la grieta de modelos económicos

© Foto : Twitter / @CFKArgentinaCristina Fernández de Kirchner en el Plenario de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) en Avellaneda
Cristina Fernández de Kirchner en el Plenario de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) en Avellaneda - Sputnik Mundo, 1920, 06.09.2022
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El atentado contra la vicepresidenta de la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, es un acontecimiento político que ha conmocionado al país y al mundo.
La radicalización de la derecha política, mediática y judicial, alimentada por discursos del odio que circulan por redes sociales, ha generado el clima de violencia simbólica que ha derivado en este intento de magnicidio.
Los mensajes de eliminar al otro, la estigmatización por el color de la piel o por el compromiso político de colectivos sociales y culturales y la prolongación de una crisis económica que excluye cada vez más, han delimitado un espacio de enfrentamiento político y personal.

La radicalización de las derechas

Antes del atentado a Cristina Fernández de Kirchner hubo manifestaciones de grupos radicalizados exponiendo bolsas mortuorias y guillotinas, movilizaciones promovidas con memos con insultos y amenazas contra el peronismo y, en especial, contra el kirchnerismo y su líder.
Se sabe que la irrupción de una derecha radicalizada no es exclusiva de Argentina, sino que es una corriente mundial que tiene su expresión, entre otros países, en Jair Bolsonaro en Brasil, Donald Trump en EEUU, Vox en España y Marie Le Pen en Francia.
Ernesto Semán, profesor de historia y autor de Breve historia del antipopulismo, señala que existe una marcada radicalización de la derecha argentina en sus agendas, en sus discursos y en el tipo de identidad política, social y en algunos casos racial, que se va construyendo alrededor de esa radicalización.
Cristina Fernández de Kirchner, expresidenta de Argentina - Sputnik Mundo, 1920, 02.09.2022
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Antiperonismo y odio, el cóctel que produjo el atentado contra Cristina Fernández

El discurso del odio antiperonista

Aunque puede haber sido ejecutado por un desequilibrado o un loco, el atentado contra CFK se inscribe en un clima de época marcado por la polarización extrema, la intolerancia social y la violencia discursiva.
Muchas cosas tienen que pasar para que una cosa así pase, dice José Natanson en un nota publicada en Le Monde Diplomatique de Argentina, y llama la atención sobre el resquebrajamiento de los consensos democráticos que hicieron de Argentina desde finales de 1983 uno de los pocos países de la región sin violencia política.
Señala que "el odio antiperonista es tan antiguo como el peronismo, pero desde la recuperación de la democracia en 1983 la sociedad argentina había logrado evitar que se tramitara con violencia, como en las cinco décadas anteriores".
Para concluir Natanson que lo que lo trae al presente es la polarización social extrema, el aumento de la intolerancia y el recurso del odio como discurso dominante, "un fenómeno contemporáneo largamente estudiado y que trasciende" a la Argentina.

Modelos económicos en disputa

Una particularidad del caso argentino en relación con otras experiencias en países con derechas radicalizadas es la existencia de una extensa organización sindical y de movimientos sociales que contienen a trabajadores y grupos sociales desplazados. Sectores que, en gran medida, se identifican con la fuerza política peronista, cuyo líder original fue Juan Domingo Perón y hoy ocupa ese lugar Cristina Fernández de Kirchner.
La irrupción del peronismo en la vida política y económica argentina, a mediados de la década del 40 del siglo pasado, produjo un cambio profundo en la estructura productiva y social. Modificación que desde entonces es resistida por los grupos económicos dominantes. Así se ha constituido la sociedad política argentina dividida entre peronistas y antiperonistas, lo que ahora se denomina grieta social.
En realidad, lo que se disputa es qué modelo económico se impone. Uno, de industrialización con inclusión social y ampliación de derechos económicos y políticos, y otro, de integración pasiva a la división internacional del trabajo lo que implica ser proveedor de materias primas al mercado mundial con fragilidad laboral y salarios deprimidos.
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Ciclos económicos y crisis argentinas

En el esquema agroexportador los ciclos económicos argentinos se basan en un fuerte endeudamiento externo y en el montaje y desarrollo de una estructura agropecuaria, sustentada en las exportaciones, con un mercado mundial que necesita productos argentinos. El endeudamiento externo es especulativo.
Es un escenario que hoy se puede repetir ante la crisis mundial de alimentos y energía a partir del conflicto bélico en Ucrania y las sanciones económicas a Rusia. Este es el deseo político de gran parte del poder económico argentino y, por ese motivo, promueve una polarización extrema.
En el modelo de industrialización por sustitución de importaciones, los ciclos económicos están vinculados a la vez al mercado interno y a los mercados externos. En la etapa de auge, ante el aumento de la producción industrial vinculada al consumo local, se incrementan las importaciones, para comprar bienes de capital e insumos básicos y se reducen las exportaciones, por la mayor demanda interna originada en la suba del salario real y de los niveles de ingresos.
Pero el déficit en la balanza comercial y la disminución de las divisas llevan a una devaluación que provoca un aumento del precio de los productos agrarios exportables y de los insumos importados. Todo esto se traduce en crisis del sector externo, inflación y políticas monetarias restrictivas. Es lo que está sucediendo ahora en la economía argentina.
El economista Mario Rapoport explica que, sin duda, la ausencia de un sector industrial integrado y exportador y la existencia de un sector agropecuario que condiciona la exportación a sus propios intereses sabiendo que es el principal proveedor de divisas, explica gran parte de las varias crisis argentinas.

El atentado a CFK

Los 12 años y medio del kirchnerismo (2003-2015), con rupturas y continuidades de ciclos económicos anteriores, significaron una importante ampliación de derechos para grupos sociales desplazados y, en especial, un avance sustancial de los trabajadores en la distribución del ingreso hasta dividirlo en mitades con el capital.
Con sus especificidades, este período fue un proceso similar al que comenzó en los dos gobiernos peronistas (1945-1955) y continuó, en el marco de un modelo de sustitución de importación, hasta el golpe militar de 1976, dictadura que se extendió hasta 1983.
La dictadura militar no vino solamente a terminar con las organizaciones guerrilleras, sino que, fundamentalmente, vino a modificar el régimen social de acumulación interrumpiendo la industrialización basada en la sustitución de importaciones.
El odio que el dispositivo mediático y político vomita diariamente desde hace años, apuntar en el blanco a Cristina en forma permanente y la violencia política resumida en "ellos o nosotros", constituyen una renovada revancha clasista de las elites.
El líder de la derecha argentina, Mauricio Macri (2015-2019), no pudo terminar la tarea de neutralizar al peronismo como fuerza electoral, porque fue una experiencia de gobierno pésima, lo que mantuvo competitivo al kirchnerismo en términos electorales y en adhesión social. Ahora anhelan un segundo tiempo para completar ese trabajo.
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Borrar al peronismo del espacio político

El economista Eduardo Basualdo explica que la dictadura militar fue la revancha clasista más sanguinaria y brutal de la historia argentina con el propósito de disciplinar a los sectores populares, estableciéndose de allí en más un nuevo techo, significativamente más reducido, en la participación de los trabajadores en el ingreso a través de una espectacular reducción del salario real, la posterior explosión de la desocupación y la disolución de las conquistas sociales obtenidas por las luchas populares a lo largo de décadas.
Ahora el odio mediático y social, la violencia política en los medios y en las redes sociales, la estigmatización de diferentes colectivos con la letra K y la obscena persecución a Cristina Fernández de Kirchner, que tuvo su escala máxima en el atentndo a su vida, son los principales elementos que expresan esta nueva revancha clasista, que tiene los mismos objetivo que la anterior: disciplinar a los sectores populares.
La eliminación del espacio político-electoral con la proscripción vía judicial o la física con un balazo en la cabeza de CFK encierra el deseo de las elites, como lo fue durante el exilio de 18 años de Juan Domingo Perón (1955-1973), de borrar al peronismo por lo que él representaba en términos de ampliación de derechos sociales, laborales y económicos, como así también de la capacidad de los trabajadores de disputar cómo se reparte el ingreso.
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK
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