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Israel aprueba una ley que discrimina a los árabes

El Parlamento de Israel ha aprobado una controvertida ley que oficializa la segregación racial dentro de sus fronteras, fomenta los sentimientos antisemitas de sus enemigos y aísla a los árabes que están integrados en la sociedad israelí.
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Todo ocurrió el pasado jueves 19 de julio cuando la Knéset —Parlamento israelí— aprobó por 62 votos a favor, 55 en contra y dos abstenciones una propuesta desarrollada por diputados del partido Likud, de tendencia conservadora, liderados por el primer ministro, Benjamín Netanyahu. La normativa refrendada viene a llamarse Ley del Estado Nación y tiene rango constitucional. 

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Al conocerse el resultado de la votación, los 13 diputados árabes presentes en el hemiciclo se levantaron de sus escaños, rompieron el documento en cuestión y gritaron indignados "¡Apartheid! ¡Apartheid!", comparando la decisión adoptada con las que solía tomar el régimen racista de Sudáfrica durante más de cuatro décadas.

Netanyahu encabeza una coalición de seis partidos que ya es considerada la más derechista de la historia de Israel. Entre sus socios gubernamentales destacan los ultrarreligiosos y la extrema derecha. El veterano primer ministro se mostró muy ufano del voto, declarando que estaban viviendo "un momento clave en los anales del sionismo y del Estado de Israel".

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Inicialmente el proyecto de ley recogía un párrafo en su artículo 7 que admitía la creación de "comunidades separadas" solo para judíos. Fue criticado como "discriminatorio" incluso por el presidente israelí, Reuven Rivlin. El jefe del Estado, que tiene unas funciones institucionales bastante reducidas, envió una inusual carta a la Comisión Constitucional del Parlamento que estaba trabajando en la elaboración del documento. "¿Estamos dispuestos, en nombre de una visión sionista, a tolerar la discriminación y la exclusión en función del origen?", se preguntaba Rivlin, quien también forma parte del Likud.

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El texto final de 11 puntos suprimió esas "comunidades separadas", pero dice que el "Estado considera el desarrollo del establecimiento de los judíos como un valor nacional y actuará en consecuencia para alentar y promover su establecimiento y su consolidación". Este apartado no está exento tampoco de polémica, pues podría abrir la puerta a la anexión de más territorios en Cisjordania, donde ya se han ido instalando decenas de asentamientos judíos que violan el derecho internacional y más concretamente una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobada en 2016.

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De acuerdo a la nueva legislación, el árabe dejará de ser lengua oficial y pasará a tener un estatus especial pero inferior al actual. El único idioma del Estado será pues el hebreo. También se menciona que Jerusalén es la capital del país, se adopta oficialmente el calendario judío y se consagra a Israel como "el hogar nacional del pueblo judío".

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Los árabes israelíes ya han puesto el grito en el cielo y están dispuestos a apelar ante el Tribunal Supremo —la máxima institución judicial del país— la validez de esta ley.

Son aquellos que decidieron quedarse cuando se proclamó el Estado de Israel en 1948 y no se convirtieron en refugiados palestinos en tierras extranjeras como Líbano o Siria. Tienen sus propios delegados parlamentarios. Representan al 20% de la población israelí, que asciende a 8,5 millones de personas. Ahora se quejan más que nunca de ser ciudadanos de segunda categoría, porque consideran que la Ley del Estado Nación no hace más que confirmar legalmente una realidad dolorosa basada en la discriminación. Aseguran que no tienen los mismos derechos que los judíos, que no tienen las mismas facilidades para comprarse una casa o buscar educación para sus hijos. 

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No solo han protestado los árabes. El famoso director de orquesta judío Daniel Barenboim lo hizo a través de una tribuna de prensa que fue publicada en el diario israelí Haaretz y otros rotativos internacionales titulada 'Hoy me avergüenzo de ser israelí'.

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En su duro mensaje, Barenboim recordaba que los padres fundadores de Israel que firmaron la Declaración de Independencia de 1948 se basaron en los principios universales de libertad, justicia y paz, reconociendo la plena igualdad de derechos sociales y políticos a todos sus ciudadanos, con independencia de su religión, raza o sexo.

"Setenta años después, el Gobierno israelí acaba de aprobar una nueva ley que sustituye el principio de igualdad y valores universales por el nacionalismo y el racismo", escribía el artista oriundo de Buenos Aires. "Se trata de una forma muy evidente de Apartheid. No creo que el pueblo judío haya vivido 20 siglos, la mayor parte de ellos sufriendo persecución y soportando crueldades sin fin, para ahora convertirse en el opresor que somete a los demás a sus crueldades. Precisamente eso es lo que hace la nueva ley. Por eso, hoy me avergüenzo de ser israelí", añadió.

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La oposición laborista ha subrayado, por su parte, que la nueva normativa es "innecesaria, populista y electoralista", "una mancha" para la democracia israelí. Enmarca el asunto en la lucha del halcón Netanyahu por ganarse el voto más nacionalista frente a su adversario, el ministro de Educación, Naftali Bennett, defensor de las colonias judías. Ambos ya miran sin rubor a las elecciones del año 2019, que se prevén reñidas. El propio Netanyahu, no obstante, se enfrenta a varias investigaciones policiales que huelen a corrupción y podrían complicar su continuidad política. No sería un raro precedente que fuera acusado, porque el ex primer ministro Ehud Olmert ya fue sentenciado a 19 meses de prisión por varios casos de corrupción.

Aunque algunas voces locales insisten en que la Ley del Estado Nación es meramente simbólica, lo cierto es que el espíritu que subyace debajo de la letra es peligroso, e impide que se resuelvan temas tan decisivos y urgentes para Oriente Medio como el futuro estatuto de Jerusalén o la permanencia de las colonias judías ilegales. Eso aleja aún más la posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz entre palestinos e israelíes, un proceso muerto desde hace años.


LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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