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EEUU, 'con la soja al cuello' por su guerra con China

La guerra comercial que ha iniciado Donald Trump contra China está golpeando a los agricultores de EEUU. Debido a los aranceles con los que ha respondido China a la soja norteamericana, su importación casi se ha paralizado. Miles de agricultores están ahora al borde de la ruina, escribe Alexandr Lesnij en su artículo para Sputnik.
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Los productores agrícolas estadounidenses, acostumbrados a la cultura de la exportación de la soja, no podían pasar por alto su creciente demanda en China. Así que este año se destinaron 89,1 millones de hectáreas de tierra a su cultivo —dos veces más que en 2017—. Los agricultores esperaban así elevar la producción —ya de por sí alta— de las semillas de soja que se exportan. Algo natural teniendo en cuenta que su cultivo representa el 60% de los productos agrícolas que el país norteamericano vende al gigante asiático.

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Sin embargo, el conflicto entre Washington y su principal socio comercial ha llevado a Pekín a gravar esta legumbre con un impuesto del 25%, lo que ha obligado a que su exportación no salga rentable y caiga un 98%.

Los datos que maneja el Departamento de Agricultura estadounidense son reveladores. Entre 2017 y 2018 el país controlaba el 35% del mercado mundial de semillas de soja —también llamada soya en algunos países de Latinoamérica—. A la zaga —con un 33%— se situaba Brasil, seguido de Argentina —14%—. China controlaba el 4% y a la vez le compraba a Brasil el 47% y a Argentina el 5% de la soja que importaba. Ahora, estos dos países están viendo cómo sus exportaciones a China están aumentando a costa de EEUU.

"Que se ponga fin a la guerra comercial es lo único a lo que pueden aspirar los agricultores estadounidenses. En teoría, eso puede ocurrir después de que Donald Trump y Xi Jinping se reúnan en Argentina durante la cumbre del G20", opina Lesnij.

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Sin embargo, teniendo en cuenta las declaraciones con tinte bélico que Washington dedica a Pekín —por ejemplo, presionar a las empresas europeas a no comprar productos de Huawei—, las posibilidades de que ambos países vuelvan a entablar una relación comercial saludable para ambos son prácticamente nulas, opina el autor.

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Por ahora, los productores de soja estadounidenses están a día de hoy destruyendo las semillas de soja que sobran. Las entierran o dejan que se pudran en el campo. Igual que hicieron antes sus predecesores durante la Gran Depresión de la década de 1930, recuerda Lesnij, cuando el presidente Roosevelt se vio obligado a aprobar una ley especial para ayudar a los granjeros. Muchos economistas creen hoy que el documento que se aprobó entonces resultó ser contraproducente. Roosevelt obligó a los agricultores a destruir sus cosechas para generar un déficit falso en el mercado y subir así los precios.

China, por su parte, está ampliando sus horizontes comerciales y empieza a comprar soja a otros países. Pronto entre los importadores principales figurará Rusia: el Lejano Oriente es perfecto para desarrollar una cultura exportadora y las perspectivas son buenas al estar la región más cercana a China que Estados Unidos. Se espera que se dediquen un millón de hectáreas a la producción agrícola y que la mitad de los beneficios que se generen de ellas proceda del gigante asiático.

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