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La Rusia de Borges y el curioso costado 'rojo' del gran escritor argentino

A 130 años de su nacimiento, el escritor argentino Jorge Luis Borges aún guarda múltiples particularidades. Una de ellas es su costado "rojo", expresado en su poema 'Rusia' y en su apoyo a la Revolución de 1917, además de sus intentos por matizarlo a lo largo de los años.
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En 1917, año de la Revolución Rusa, el escritor argentino Jorge Luis Borges vivía en Ginebra, Suiza, junto a su familia. Si bien el joven había nacido el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires, se había trasladado junto a su familia hacia Europa por un tratamiento oftalmológico especializado para la ceguera que afectaba a su padre, Jorge Guillermo Borges.

El joven Borges fue testigo del fin del zarismo desde su casa en Ginebra y, como nadie en el mundo, quedó indiferente a la nueva era política que comenzaba en territorio ruso. En 1919 se muda con su familia a Madrid y allí escribe Los salmos rojos, una colección de poemas donde expresa su admiración por la temprana revolución bolchevique.

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Lamentablemente, la mayor parte de ese trabajo se perdió, excepto el poema Rusia, que fue publicado en septiembre de 1920 en Grecia, una revista literaria editada en Sevilla y Madrid y dedicada, sobre todo, a difundir el 'ultraísmo', uno de los estilos vanguardistas de la época.

En una carta de Borges a su amigo Maurice Abramowicz, con quien mantenía frecuente correspondencia sobre temas literarios, mencionó Rusia como una "prosa ultraísta" que pretendía publicar en Grecia.

Finalmente, el texto fue publicado en la página 7 de la revista, acompañado por una ilustración hecha por Norah Borges, hermana del escritor.

El poema

La trinchera avanzada es en la estepa un barco al abordaje
con gallardetes de hurras
mediodías estallan en los ojos
Bajo estandartes de silencio pasan las muchedumbres
y el sol crucificado en los ponientes
se pluraliza en la vocinglería
de las torres del Kreml.; [sic]
El mar vendrá nadando a esos ejércitos
que envolverán sus torsos
en todas las praderas del continente
En el cuerno salvaje de un arco iris
clamaremos su gesta
bayonetas
que portan en la punta las mañanas

Seguramente el poema se hubiera perdido. De hecho, el propio Borges destruyó los registros físicos de varias de sus piezas de esa época. Pero fue rescatado, en 1926, en el Índice de la nueva poesía americana, una compilación de textos a cargo del peruano Alberto Hidalgo y el chileno Vicente Huidobro, con la colaboración del propio Borges. 

Desde ese momento, la existencia del poema Rusia ha sido una incógnita para los estudiosos de Borges, que lo consideran una rareza a ojos vista de su extensa carrera y, sobre todo, sus posicionamientos políticos en su madurez.

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Que el escritor conocido por su conservadurismo político, y que llegó a reunirse con el dictador argentino Rafael Videla en 1976, tuviera en su bibliografía una pieza apoyando a la Revolución Rusa nunca dejó de causar curiosidad entre sus seguidores.

El propio Borges llegó a explicar más adelante, y según recogió el diario Clarín en 1997, que en la época en que escribió Los salmos rojos "todavía era anarquista, librepensador y pacifista". En el suplemento Las memorias de Borges, publicado en 1974 por el diario La Opinión, el escritor definía el libro que incluía Rusia como "una colección de poemas en verso libre, en alabanza de la Revolución Rusa, de la fraternidad y del pacifismo".

La etapa más ultraísta de Borges también incluyó obras como Gesta maximalista, que culminaba con versos como "Pájaro rojo vuela un estandarte/sobre la hirsuta muchedumbre extática".

También suele citarse un proyecto de "novela fantástica" que en 1921 Borges le contó por carta a su amigo, el también escritor ultraísta Jacobo Sureda: "El argumento ideado por mí y todavía muy esquemático y fragmentario trata de los medios empleados por los maximalistas para provocar una neurastenia general en todos los habitantes de Buenos Aires y abrir camino al bolcheviquismo".

Ya en sus últimos años, Borges se mostraba sumamente crítico con la Unión Soviética, que según él había dejado de ser "una gran esperanza de fraternidad y paz" como el escritor había advertido en 1918.

Durante una entrevista en 1981, Borges confesó algo curioso: su apoyo al modelo soviético comenzó a descender luego de mirar el famoso film El acorazado Potemkin, dirigido por Sergei Eisenstein y estrenado en 1925.

Según dijo el escritor, la película le pareció "estéticamente muy buena" pero no le gustó que en la historia "los enemigos en ningún momento quedaban bien". Por ese motivo, interpretó que los films del creciente cine soviético "estaban hechos con fanatismo".

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