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Rusia y Bielorrusia, un matrimonio que no llega a consumarse

MOSCÚ (Sputnik) — Aunque Rusia y Bielorrusia anunciaron en 1999, hace más de 20 años, que tenían planes de crear una alianza, denominada Estado de la Unión, con una legislación y un parlamento conjuntos, en la realidad este proyecto sigue existiendo solo en papel.
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No obstante, Bielorrusia, supo beneficiarse de ese proceso, ya que, en virtud de varios acuerdos relacionados con la integración, hasta hace poco pagaba por el gas y el petróleo rusos precios inferiores a los del mercado internacional.

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El 20 de diciembre de 2019 la política de Moscú cambió, y un aviso de ello fue la intervención del entonces ministro de Desarrollo Económico ruso, Maxim Oreshkin, quien advirtió que había tres cosas que impedían la integración, y eran justo el gas, el petróleo y los impuestos.

Rusia, que no podía seguir cosechando solo pérdidas, simplemente decidió ajustar los precios de su gas y su petróleo a las tarifas mundiales, así como suspender los aranceles bajos para las mercancías provenientes de Bielorrusia, algo que no resultó del agrado del país vecino.

Moscú es el principal socio comercial de Minsk, que envía a Rusia ante todo productos de origen animal, entre ellos cárnicos, lácteos y animales vivos (un 19,3% de la exportación de los últimos 12 meses, según el portal banky24.by), por la suma de unos 2.474 millones de dólares, y cuenta además con tarifas más bajas.

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Las sanciones que los países occidentales aprobaron contra Rusia en 2014 hicieron que Moscú vetara la adquisición de una serie de mercancías en Occidente, ante todo los productos alimenticios.

Esa medida benefició ante todo a Bielorrusia, que logró reemplazar a muchos productores de países occidentales en el mercado ruso de alimentos.

En las ciudades de Rusia aparecieron tiendas denominadas 'Alimentos de Bielorrusia', donde se pueden adquirir quesos, leche, salchichón, jamón y todo tipo de charcutería bielorrusa, que además se comercializa como supuestamente "más ecológica y natural".

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Rusia exporta a Bielorrusia sobre todo gas y petróleo, un 98% de los cuales constituye el petróleo.

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Esos hidrocarburos representan un 48,2 de las mercancías vendidas en los últimos 12 meses por Moscú a Minsk, con una ganancia de 10.770 millones de dólares, según datos del portal banki24.by.

Para Lukashenko, que anunció que Bielorrusia planea importar hasta 25.000 millones de toneladas de petróleo ruso para sus refinerías en 2020, resulta de gran importancia mantener esos volúmenes, así como un precio por debajo de la media mundial.

Sin embargo, compañías rusas suspendieron el 1 de enero los despachos del hidrocarburo a Bielorrusia ante la falta de acuerdos sobre contratos a largo plazo, aunque días después se anunció que la petrolera Safmar reanudó parcialmente los envíos.

Minsk anunció entonces que buscaba diversificar sus fuentes de suministro de petróleo, y el 20 de enero la petrolera estatal bielorrusa Belneftekhim anunció la adquisición de 80.000 toneladas de crudo noruego.

​Resulta que ahora la compañía estatal petrolera de Azerbaiyán, Socar, acaba de confirmar el envío de 90.000 toneladas de crudo a Bielorrusia.

Inmediatamente, el ministro de Exteriores bielorruso, Vladímir Makéi, exhortó a Moscú a resolver primero "el tema de los suministros de petróleo" para luego continuar trabajando en la esfera de la integración de los dos países.

Esto no es nada nuevo, el propio presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko, ha ido más allá, y en reiteradas ocasiones ha asegurado que Minsk estaba buscando proveedores alternativos de petróleo y que su país podría comprar ese producto a Estados Unidos, Arabia Saudí y a otros Estados.

Según el politólogo Dmitri Bolkunets, citado por el periódico Kommersant, "Lukashenko ve el Estado de la Unión solamente como una posibilidad de recibir una ganancia adicional, pues la República [de Bielorrusia] recibe hasta un 15 o 20% del PIB a costa de diferentes acuerdos preferenciales [con Rusia]".

El experto asegura que Minsk "está dispuesto a vivir en esas condiciones otros 20 años más", pero Moscú, por lo visto, "eligió otra táctica".

Apertura de Bielorrusia hacia EEUU

El pasado 3 de marzo, el mandatario bielorruso declaró que "nunca firmará ningún documento que le pueda causar daño" a su país, y aseguró que el proyecto de crear un Parlamento único ruso-bielorruso ya no resulta actual.

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Lukashenko subrayó además que la cuestión del parlamento único "es impopular" en su país, y abordarla de cara a las elecciones parlamentarias y presidenciales sería algo digno de un "idiota".

Por otra parte, Minsk establece lazos cada vez más estrechos con Washington, aunque no deja de afirmar que ese acercamiento nunca significaría un alejamiento de Moscú.

"Resulta errónea la lógica de ampliar contactos con EEUU a costa de los integrales, multifacéticos y beneficiosos vínculos con Rusia, no tiene sentido y es inaceptable para nosotros", advierte el viceministro de Exteriores de Bielorrusia Oleg Krávchenko.

Se estima que los contactos entre Bielorrusia y Occidente mejoraron gracias al papel que juega Minsk en la solución del conflicto en Ucrania, y por esa razón las visitas de altos funcionarios de EEUU a Bielorrusia se han vuelto cada vez más frecuentes.

Todo esto a pesar de que en 2008 EEUU y Bielorrusia cerraron sus correspondientes embajadas en Washington y Minsk.

​El pasado el 1 de febrero el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, visitó la República en el marco de su gira euroasiática, y sostuvo negociaciones con Lukashenko y Makéi.

Tres días más tarde el líder bielorruso anunciaría el inicio de un "deshielo" en las relaciones entre Minsk y Washington.

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Poco después Lukashenko se reunió nuevamente con su par ruso, Vladímir Putin, y al final de esa cita se anunciaría que, en lo adelante, las refinerías de Bielorrusia comprarían el petróleo ruso a precios del mercado internacional.

A finales de 2019, en una entrevista, el presidente bielorruso señaló que Moscú y Minsk se encontraban en una encrucijada. Por su parte, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, desmintió en aquel entonces esa afirmación, destacando que las conversaciones sostenidas por ambos presidentes en Sochi y en San Petersburgo evidenciaban lo contrario.

Sin embargo, con esta declaración algo chantajista de Makéi sobre el canje de integración por petróleo, al parecer las relaciones de Minsk y Moscú han vuelto a la misma encrucijada.

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