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Trabajadoras sexuales, las más marginalizadas en la crisis del coronavirus

Son, mayoritariamente, mujeres independientes, madres solas, cabezas de hogar y sin educación formal en situaciones de precarización total. El miedo al contagio de COVID-19 las ha dejado sin clientes y, obviamente, sin recursos para la cuarentena. Se enfrentan a la versión más cruda del abandono que viven las mujeres más vulnerables.
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Mónica Lencina es trabajadora sexual desde hace 20 años, pero ahora sale a caminar las calles no en busca de clientes, que sabe que no va a encontrar, sino en busca de donaciones que ella se encarga de repartir entre sus compañeras, sabiendo que no hay cuarentena obligatoria que pueda detener la más elemental necesidad.

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"Muchas compañeras viven del día a día, entonces se hace complicada la situación porque estamos completamente paradas, más para las que son jefas de hogar con hijos a cargo y tienen que poner el plato de comida en la mesa", dijo a Sputnik Mónica, referente de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar), a cargo de dos de sus cinco hijos, además de uno de sus 13 nietos.

Lencina explica que las prohibiciones a la libre circulación de personas y el temor por infectarse de coronavirus ha eliminado la demanda de los servicios que ofrece este colectivo de mujeres, que difiere en esencia de los servicios sexuales virtuales, que han visto un aumento en su consumo.

"Nos ayudamos entre nosotras. Hemos aprendido que nadie nos va a venir a dar una mano más que nosotras mismas, entonces pedimos donaciones a quienes sabemos que nos apoyan para los casos más urgentes, algunas compañeras que realmente la están pasando muy mal", mencionó.

La Ammar es una agrupación que nuclea a más de 6.500 trabajadoras sexuales en todo el país y está adherida a la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA). Desde hace 25 años militan por la regularización laboral de quienes ejercen la prostitución para evitar así las persecuciones y conquistar derechos.

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En Argentina la prostitución no está penada por la ley siempre y cuando se ejerza en el ámbito privado, pero sí está prohibida la promoción en la vía pública, el proxenetismo (lucrar con la actividad de terceros) y la trata de personas. Sin embargo, no es considerada un trabajo formal, por lo que carece de la protección de derechos laborales.

En Uruguay, en cambio, la prostitución está regulada como trabajo sexual desde 2002, lo que les permite ejercer a quienes estén registradas en alrededor de 7.000 bares o whiskerías habilitadas o en áreas urbanas delimitadas o "zonas rojas", pero el control del negocio suelen ser hombres y las mujeres no reciben un ingreso fijo, seguro ni pensión en situación de cuarentena.

"Aquellas compañeras que tienen hijos tienen un poco de ayuda estatal, pero las que no tienen ningún tipo de asistencia que las ampare son las que están más 'en el horno', incluidas las compañeras trans", dijo a Sputnik Karina Núñez, fundadora de la Organización de Trabajadoras Sexuales (Otras) de Uruguay.

Núñez aseguró que tuvo conversaciones con la vicepresidenta, Beatriz Argimón, y con el ministro de Desarrollo Social, Pablo Bartol, quienes le prometieron apoyo al colectivo, pero hasta el momento no han vuelto a recibir respuesta del Gobierno nacional.

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La activista mencionó que sí han recibido apoyo de parte de los gobiernos departamentales de Montevideo, Canelones y Paysandú y mayoritariamente de centrales gremiales, militantes políticos, organizaciones de la sociedad civil y agrupaciones feministas para entregar canastas de víveres.

"No veo interés en nosotras, nunca vi interés de parte del Estado, no espero mucho más, por eso apelo a las redes sociales y a las redes solidarias que creo que es por donde vamos a recibir más apoyo", solicitó.

Las situaciones en Latinoamérica son similares pese a las particularidades de cada país. En países donde la reclusión obligatoria no está todavía impuesta, como Brasil y México, las trabajadoras sexuales siguen saliendo a la calle aunque los espacios públicos estén cerrados y haya menos clientes.

Desde Paraguay, Chile, México y Colombia, por ejemplo, alzan su voz, reclaman y se movilizan a través de las redes.

​En Guatemala, donde hay toque de queda nocturno, comenzaron a trabajar de día, pero en todo el continente, sin importar si hay o no cuarentena obligatoria, las acciones solidarias con estos colectivos en riesgo social se expanden.

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