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¿Un negocio rentable? Uruguayos cruzan el Atlántico para esquilar ovejas españolas

Más de 250 uruguayos llegan a España para realizar la temporada de esquila de ovejas. "No traemos gente de fuera porque salga más barato, se traen porque aquí no hay disponibilidad", declara a Sputnik el gerente de Interavit, Marco A. Calderón.
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"Vengo para poder construir una casa en Uruguay para mí, mis tres hijos y mi señora y así empezar a juntar la plata", confiesa Pablo Méndez, uno de los 250 uruguayos que, tras dos meses de retraso, consiguió aterrizar el pasado miércoles en Madrid con el objetivo de ayudar en el esquilado de las ovejas en diferentes territorios del país.

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Desde hace aproximadamente una década, los uruguayos vienen para apoyar esta tarea tan fundamental en la sanidad del propio ganado ante la escasez de trabajadores españoles especializados en este sector. Principalmente trabajarán en granjas de Castilla y León, Extremadura, Aragón y Castilla-La Mancha.

Este año, las gestiones han sido difíciles debido al cierre de fronteras por el coronavirus. Aunque el Gobierno declaró este oficio como "actividad esencial" para garantizar el bienestar de los animales, hasta hace una semana nadie aseguraba que los esquiladores pudieran venir a trabajar al país ibérico como de costumbre.

"Cuando vi que cancelaban el vuelo en marzo por el coronavirus, pensé que este año estaba todo perdido", explica a Sputnik uno de los esquiladores que aterrizaron esta semana en Madrid.

Algunos uruguayos como Pablo Méndez (35 años) ya tenían comprado el vuelo en marzo, pero tuvieron que perderlo y volver a comprar otro nuevo por un precio tres veces mayor al anterior, que les ha costado ahora 1.700 euros, importe que es primero pagado por la empresa española y que después se descuenta del salario a los trabajadores.

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Eduardo Arrieta, de 39 años, llegó el 21 de marzo, un día antes de que se cerraran las fronteras en España. Trabaja en Campanario (Badajoz) como encargado de cuadrilla, lo cual le supone un incentivo por oveja de ocho céntimos por merina pelada de cada esquilador y la mitad del billete de avión. Salen del país con un contrato cerrado y una vez llegados, la empresa ganadera española les proporciona alojamiento y manutención: "Éramos cinco, pero con la llegada de los nuevos uruguayos seremos unos 20 en la misma casa. Hay mucha comodidad, es como un castillo", describe Arrieta, quien desde que llegó a España vive ansioso por volver a Uruguay: "Extraño mucho a la familia y a los hijos… todo eso pesa".

"Trabajo de seis de la mañana a ocho de la tarde. Un día bueno puedo pelar alrededor de 140 ovejas. Por merina me pagan 0,80 céntimos y por oveja entrefina (con menos lana), 0,70 céntimos de euro". Según Arrieta, "un día bueno" puede llegar a ganar en torno a los 112 euros. Aunque, de los dos meses y medio que suele durar la temporada de esquila, solo pueden ahorrar el salario íntegro de un mes:

"Se necesita un mes de trabajo para pagar todos los gastos, como la tijera que son 500 euros y otros materiales como peines y cortantes. El otro mes es lo que te queda a ti para llevarte de regreso a Uruguay", explica Eduardo Arrieta, uno de los esquiladores uruguayos que pudieron venir a mediados de marzo antes de que se cerraran las fronteras.

A pesar de ello, es la tercera vez que viene a realizar esta tarea tan demandada por los españoles. Cuando tenía 30, vino dos años consecutivos a trabajar en la temporada de esquila ovina, pero decidió no volver porque por aquel entonces le iba bien económicamente en Maldonado, su ciudad de origen. "Ahora la falta de trabajo me ha hecho volver a salir del país y dejar a mi familia". 

Falta mano de obra nacional

En España se esquilan al año 12,8 millones de ovejas y no hay suficientes españoles especializados en esquilado para poder abastecer ese servicio. La mitad de ellas, son trasquiladas por alrededor de 500 trabajadores procedentes de otros países, según estimaciones de la Interprofesional del Ovino-Caprino (Interovic). 

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Así, durante los dos meses y medio que dura la temporada de esquila, pueden llegar a pelar cada uno de ellos entre 10.000 y 13.000 ovejas.

Sin la ayuda extranjera, cerca del 60% podrían haberse quedado este año sin que se les corten la lana. El papel de los extranjeros es fundamental para el país y la realidad es que España precisa mano de obra, mano profesional para un oficio que no se encuentra fácilmente en el país.

"En España actualmente hay más ovejas para esquilar que esquiladores. Con el boom de la construcción, hace 13 o 14 años, la gente prefirió trabajar en empleos más estables y cómodos que en algo temporal como es el esquilado ovino", explica a Sputnik Marco A. Calderón, gerente de Interovic.

"Se rompió la cuadrilla cultural que iba formando unos a otros y ahora hemos llegado al punto que no hay personas cualificadas ni con formación para trabajar en este sector. Entonces empezó a venir gente de países del este, pero poco a poco, las empresas que los traían empezaron a traer gente de Uruguay", subraya, "este país ha ido al revés que nosotros, han perdido cabezas de ovejas y hay muchos esquiladores".

Para Calderón existe otra gran ventaja sumada a la formación de los uruguayos, y es que están en el hemisferio sur: "Cuando entramos al verano ellos entran al otoño y al poco tiempo empieza la campaña de esquileo allí. Hacen dos temporadas de esquila en un año: una en el hemisferio norte y otra en el sur", argumenta, "si estás trabajando siempre en lo mismo, tienes más destrezas y estás más entrenado".

Método 'Tally Hi'

La educación de los uruguayos y un método de "pelar" la oveja sin atarla son dos de las razones por las que los ganaderos españoles confían en los esquiladores de este pequeño país suramericano, que viajan desde hace años a Europa durante los meses de abril a junio, antes de que arranque la temporada de esquila en su lugar de origen.

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Además, existen escuelas en las que se enseña el oficio de la esquila a los que se inician y también ofrecen cursos de perfeccionamiento a aquellos que ya son esquiladores y también se les otorga certificados y cursos formativos, lo que genera confianza entre los ganaderos. Trabajan siguiendo el método Tally Hi, que mantiene suelta a la oveja, mientras que los españoles trabajan con el animal atado.

En España, sin embargo, ya no existen jóvenes que se dediquen a este oficio: "La gente joven ya no se quiere dedicar al campo, es un trabajo físico y sacrificado y en el esquileo además la gente necesita una formación y experiencia", explica el gerente de Interovic.

"La lana ya no tiene valor"

A pesar de todo, un asunto tan esencial para España como la esquila de ovejas, puede que no salga rentable ni para los ganadores españoles, ni para los esquiladores uruguayos.

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Calderón, quien aparte de formar parte de Interovic también es el presidente del Consejo Sectorial de Ovino y Caprino de Cooperativas Agro-alimentarias de España, considera que hoy en día traer uruguayos a trabajar en el esquile sale más caro que pagar a un nacional. "Hay quién dice que nos ahorramos costes, pero lo cierto es que al ganadero no le sale barato. Se necesitan más de 400.000 euros para traerlos en avión, a ello hay que sumarle el alquiler de la furgoneta para que puedan moverse, la vivienda y la comida. Venir de fuera trae muchos costes extras".

"Los esquiladores no vienen para ahorrar dinero a los ganaderos españoles, sino porque aquí no tenemos personas cualificadas", subraya Calderón.

Asimismo, el gerente de Interovic considera que este año la temporada para esquilar a las ovejas no sale rentable porque la lana no compensa el coste del esquileo. "Lo hacemos por el bienestar animal, porque el animal lo necesita. Si no pelamos a la oveja, con las altas temperaturas le pueden salir larvas que pueden acabar atacando al animal".

Este año, además, la cadena del textil está muy dañada y la lana no tiene valor. "El consumo de este tejido ya se estaba retrayendo por las circunstancias de las altas temperaturas y ahora, con la crisis sanitaria, son muchos los clientes que están anulando los pedidos porque no saben cómo van actuar la pandemia y si va a resistir a ella la apertura de la tienda" asegura Calderón.

Por su parte el uruguayo considera que la gente tiene una idea equivocada sobre este oficio: "He leído en varias partes que cobramos un euro por oveja pelada y alrededor de 200 euros al día, pero es mentira, tampoco esquilamos tantas como se dicen". 

Arrieta, por un lado, hace un pequeño llamado a los ganaderos: "Me gustaría que mejoraran el tema de los pasajes y nos ayudaran económicamente porque son muy caros". Por otro lado, Calderón, agradece a las autoridades todo lo que se han implicado en este proceso, pero como reclamo, confiesa, "nos gustaría tener personal aquí en España y no tener que depender del extranjero", concluye, "las cooperativas y las asociaciones no traemos gente de fuera porque salga más barato se traen por necesidad de mano de obra porque aquí no hay disponibilidad".

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