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El fútbol oficial regresa a Río de Janeiro en plena pandemia: ¿era necesario?

RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — Junto al mítico estadio de Maracaná, dos grandes carpas albergan un hospital de campaña para pacientes del COVID-19. Será en ese mismo estadio, y con ese triste telón de fondo donde las competiciones oficiales de fútbol regresarán en Brasil, este mismo 18 de junio. La polémica está servida. ¿Era necesario?
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El balón volverá a rodar la noche de este 18 de junio en un partido entre el todopoderoso Flamengo y el humilde Bangu, con estrictas medidas sanitarias de seguridad y sin público en las gradas. Pero, más que alegría, la decisión ha generado controversia y malestar en el mundo del fútbol.

El fútbol sudamericano ensaya un retorno que lo salve del olvido
La Federación de Fútbol del Estado de Río de Janeiro tomó la decisión esta semana junto con el ayuntamiento de Río de Janeiro: el campeonato Carioca (que enfrenta a los equipos de Río aún siendo de diferentes categorías) tenía que volver lo antes posible. Apoyaron la decisión 14 de los 12 equipos.

Los dos díscolos fueron el Fluminense y el Botafogo, que consideran que con el elevado número de muertes y contagios (Río de Janeiro es el segundo estado de Brasil más afectado por la pandemia) no es momento de jugar. Los dos clubes amenazaron con recurrir a la Justicia si se les obligaba a volver a las canchas, y aún este 18 de junio están previstas reuniones para intentar lograr un consenso de última hora.

Vuelta precipitada

Los jugadores del Fluminense dejaron clara su opinión: "Aún vivimos un escenario de muchas muertes diarias, tanto en la ciudad de Río de Janeiro como en otras regiones del país. Siendo así, evidentemente no nos sentimos confortables en poner aún más vidas en peligro", subrayaron en un comunicado redactado por iniciativa propia, al margen de la directiva.

Brasil entra en la carrera por la vacuna contra el COVID-19
Los jugadores, muy aplaudidos en las redes sociales, destacaron que ningún campeonato en Brasil pretende volver en el mes de junio, y que el fútbol debe volver en el momento oportuno. Además, destacan que, como atletas de alto rendimiento, necesitan de un tiempo adecuado de preparación, para que la vuelta precipitada al césped no se convierta en lesiones.

Frente a la postura del Fluminense está la del Flamengo, su histórico rival. En los últimos días, el clásico "Fla-Flu" se ha visto fuera de los campos, ya que los rojinegros han sido los que más han presionado para una rápida vuelta a las competiciones.

Los directivos del Flamengo permitieron que sus jugadores empezaran a entrenar desde hace semanas, aprovechando una interpretación difusa del decreto del Gobierno de Río que prohibía el uso de instalaciones deportivas. Realizó test de COVID-19 a jugadores y personal técnico (hubo 38 positivos, entre ellos tres jugadores). Se separó a los enfermos y el resto se puso a entrenar.

El fútbol oficial regresa a Río de Janeiro en plena pandemia: ¿era necesario?

En paralelo, los dirigentes del club llegaron a viajar a Brasilia a finales de mayo para reunirse con el presidente Jair Bolsonaro para tratar del regreso del fútbol. Días después, la sede del Flamengo en Río amaneció con la pintada "Landim y Bap fascistas", en referencia al presidente del club, Rodolfo Landim, y a su vicepresidente, Luiz Eduardo Baptista.

Falsa sensación

Los especialistas y comentaristas deportivos no se ponen de acuerdo en el por qué de tanta prisa por regresar al campo. Los partidos del Carioca que regresan ahora no serán televisados, por lo que los clubes no recibirán los correspondientes derechos. Muchos creen que la intención es más bien política: transmitir la falsa sensación de una vuelta a la normalidad.

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El alcalde de Río de Janeiro, Marcelo Crivella, aliado del presidente, ha estado patrocinando todas las negociaciones para el regreso del fútbol y llegó a decir que Bolsonaro estaría en este partido inaugural que se celebra este 18 de junio en Maracaná, aunque la presencia del líder brasileño aún no está confirmada.

La imagen de Bolsonaro viendo el partido en el palco de un estadio de Maracaná vacío con un hospital de campaña en el exterior sería una metáfora bastante elocuente del momento que vive Brasil, que ya suma casi un millón de contagiados por COVID-19 y más de 46.000 muertos.

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