Contante y sonante

Reforma de pensiones en México: a contramano de América Latina

El país norteamericano discute una reforma de las pasividades que mantiene la edad de jubilación, reduce el mínimo de años de aporte y convence tanto a empresarios como a trabajadores. Consultamos al asesor en sistemas previsionales Rolando Talamantes y a la economista Irasema Andrés.
Lea en Sputnik

Cada una de las últimas reformas de pensiones, tanto de América Latina como del resto del mundo, tuvo como denominador común la discusión sobre el incremento de la edad mínima para el retiro. Si bien el aumento de la expectativa de vida es indicador de una mejor calidad de vida y de un avance de la ciencia, representa un desafío para los sistemas previsionales, pues los individuos cobran las jubilaciones durante más tiempo.

Los sistemas previsionales en América Latina y el Caribe: una olla a presión
Por esto, aumentar la cantidad de años de trabajo y subir la edad mínima de jubilación fue una discusión que se introdujo tanto en sistemas de solidaridad intergeneracional, en los que los trabajadores activos financian a los pasivos, como en aquellos de capitalización individual. En estos últimos, en los que el cobro de la jubilación está supeditado al ahorro personal, el problema ha sido aún más destacado ya que la división del ahorro debe hacerse en más años de vida, lo que disminuye el monto a cobrar.

Sin embargo, México no puso este asunto sobre la mesa y de aprobarse la reforma presentada por el Ejecutivo de Andrés Manuel López Obrador, la edad mínima de retiro será igual a la actual: de 60 a 64 años en caso de cesantía y de 65 en adelante por edad avanzada. En cambio, según explicó a Sputnik el asesor en seguridad social mexicano, Rolando Talamantes, el documento que actualmente se discute contiene otros cuatro cambios importantes.

"El primero es buscar incrementar la tasa de reemplazo o el monto de la pensión en porcentaje respecto al último salario. En este caso se estima que pasará del 30% para elevarlo a poco más del 70%", relató. Así, cada 100 unidades monetarias que el trabajador cobraba como salario pasará a cobrar 70 como pensión y no 30 como lo hace en la actualidad.

Talamantes señaló que para esto se darán otros dos cambios. Uno será en la aportación de los empleadores, que subirá pasando en un lapso de ocho años del 5.15% presente al 13.875%. El otro correrá por el Gobierno que reorientará sus aportes para aumentar la jubilación del 80% de la población que cotiza. Este porcentaje corresponde a todos aquellos con ingresos en el rango de uno a cuatro salarios mínimos.

Más de 7,5 millones de chilenos piden retirar parte de su fondo de pensiones por COVID-19
"El cuarto cambio, que es también importante, es la reducción de las semanas de cotización, de 1250 a 750 que son las que pediría el nuevo sistema. Esto representaría una disminución de poco más de 10 años de cotizaciones que le piden al trabajador acumular para tener derecho a la pensión", agregó.

Por su parte, la economista mexicana Irasema Andrés se refirió a los cambios financieros que introduce la reforma. Entre otros puntos, destacó la iniciativa de bajar las comisiones de las Administradoras de Fondos para el Retiro.

"Estas son las instituciones encargadas de resguardar todas las aportaciones de los trabajadores, para entregarlas en el momento de la jubilación. Se plantea que bajen las comisiones que están cobrando, lo cual me parece muy relevante dado que en ocasiones los valores pueden no obtener ganancias, como está sucediendo ahora en un momento de crisis y de todas formas se le cobra a los trabajadores una comisión por la administración de sus fondos", puntualizó.

Esto y más en Contante y Sonante.

Discutir