No es culpa tuya: el ser humano opta por la comida chatarra de forma natural

Cuando el ser humano busca algo para comer, su cerebro tiende a decantarse por la comida chatarra, lo que algunos científicos conocen como "teoría de la alimentación óptima". Nuestra memoria espacial ha evolucionado para preferir los alimentos con más calorías.
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Para nuestros antepasados, que se dedicaban por lo general a la caza y a la recolección y que nunca supieron cuándo llegaría su próxima comida, estos mapas cognitivos probablemente habrían sido útiles. Pero un nuevo estudio muestra que para el humano moderno esa ayuda no es nada buena en la cocina, escribe Science Alert.

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La prueba de memoria espacial realizada a 512 participantes evidencia de primera mano que el procesamiento espacial humano está implícitamente sesgado hacia los alimentos con alto contenido calórico. En un laberinto de comida los voluntarios recordaban mejor la ubicación de los brownies de chocolate y las papas fritas (o sea, la comida chatarra) que los alimentos saludables como las manzanas y los tomates.

La comida basura, también conocida como chatarra, contiene, por lo general, altos niveles de grasas, sal, condimentos y azúcares, así como numerosos aditivos alimentarios, como el glutamato monosódico potenciador del sabor o la tartrazina, que es un colorante alimentario.

En la naturaleza los animales suelen buscar ante todo alimentos que les proporcionen mucha energía. Los seres humanos podrían tener esa misma cualidad, pero un mayor nivel de procesamiento cognitivo podría superar este reflejo. Y esta cuestión sigue siendo objeto de debate.

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En 2013 un pequeño estudio realizado entre mujeres reveló que la memoria espacial reaccionaba mejor ante imágenes de comida alta en calorías, a diferencia de ante otos de fruta y verdura. Lo que llevó a los autores a sugerir que nuestra memoria espacial, que ha evolucionado, podría estar contribuyendo a una alimentación poco saludable y a que la población aumente de peso. 

Otro estudio apunta a un sistema cognitivo "optimizado para la búsqueda de comida energéticamente eficiente". En un laberinto sus participantes siguieron una ruta específica olfateando y probando 16 alimentos dulces y salados altos y bajos en calorías. La mitad de los voluntarios solo podía oler la comida, mientras que otros podían probarla y olerla. A nadie se le dijo al principio que los alimentos se podían comer. Cuando lo supieron, optaron entre un 27% y un 28% más por la comida saludable. 

Los participantes también sintieron interés por "conocer" el contenido calórico de los alimentos y su olor. Y es que el olfato y la memoria están estrechamente unidos dentro del cerebro, si bien la capacidad de oler de un ser humano a menudo es inferior a la de otros mamíferos.

"Sin embargo, nuestras observaciones muestran la capacidad intacta de los individuos para distinguir diferentes tipos de olores, deducir las propiedades calóricas de los alimentos a partir de olor y localizar objetos en el espacio", dicen los autores.

Al mismo tiempo los investigadores recuerdan que el sentido del olfato bien desarrollado ha dado una ventaja de supervivencia a nuestros ancestros.

Sin embargo, aún es pronto para decir cómo estos procesos cognitivos influyen en nuestro comportamiento y selección de alimentos hoy en día.

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Un pequeño estudio realizado por los mismos investigadores comprobó un sesgo de memoria espacial hacia los alimentos ricos en calorías, pero sus observaciones no mostraron ningún efecto claro sobre el actual comportamiento alimentario.

Que esta teoría de la alimentación óptima fuese aplicable al ser humano podría ayudar a explicar por qué es tan difícil tomar decisiones dietéticas saludables en la actualidad.

"El sesgo cognitivo puede facilitar el elegir alimentos con alto contenido calórico", afirman los científicos.

Los resultados del estudio correspondiente fueron publicados en la revista Scientific Reports.

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