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La ONU advierte que el COVID-19 aumentará el hambre y la malnutrición en América Latina

MONTEVIDEO (Sputnik) — La Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtió que la pandemia de COVID-19 afecta los avances asociados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en el marco de la presentación de su informe Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional de América Latina y el Caribe 2020.
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"En lo que refiere a poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición, los efectos de la pandemia aún no han sido medidos de forma completa, pero es muy probable que genere consecuencias inmediatas y duraderas sobre la calidad de vida de la población, lo que pone en serio riesgo la consecución de las metas del ODS", expresa el informe.
Algunas de esas metas son poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible, así como garantizar una vida sana y el bienestar de todos a todas las edades.
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A modo de ejemplo, se señala que "es evidente que países como El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua y Venezuela, que presentaban niveles de inseguridad alimentaria y pobreza elevados antes de la pandemia, afrontan un mayor riesgo de que su situación empeore en los próximos meses como consecuencia de los distintos factores que la pandemia ha agravado".
Según el Programa Mundial de Alimentos, la inseguridad alimentaria aguda en esos países puede llegar a afectar a 16 millones de personas, tres veces más que la población perjudicada antes de la pandemia.
El documento indica que la pandemia llegó en un momento en que la región estaba experimentando un retroceso en materia de alimentación y nutrición.

Más hambre

De acuerdo a los estudios realizados, "en 2019, el número de personas que vivían con hambre en América Latina y el Caribe se situó en 47 millones; esto implica que aproximadamente el 7,4% de los habitantes de la región sufría hambre, pero de forma más importante, significa también un incremento de más de 13 millones de personas en el total de población subalimentada solo en los últimos cinco años".
Respecto al acceso a los alimentos, uno de cada tres habitantes del continente no tenía acceso a alimentos nutritivos y suficientes por falta de recursos económicos o de otro tipo en 2019, lo que equivale a 191 millones de personas con inseguridad alimentaria moderada o grave, consigna la ONU.
"De ellos, 57,7 millones, aproximadamente un 10% de la población de la región, se vio en situación de inseguridad alimentaria grave, es decir, se quedaron sin alimentos, pasaron hambre o estuvieron más de un día sin comer", expresa el documento.
El informe también aborda el tema del sobrepeso infantil, que aumentó de 6,2% en 1990 a 7,5% en 2019, por encima del promedio mundial de 5,6%, afectando principalmente a los niños menores de cinco años de zonas urbanas y de grupos pobres.
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El documento fue elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, la Organización Panamericana de la Salud, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y el Programa Mundial de Alimentos.
Los cinco organismos de la ONU involucrados en el desarrollo del informe piden focalizar las políticas e inversiones "en los territorios rezagados, donde viven las personas que sufren mayores niveles de malnutrición" y advierten que "la región solo habrá alcanzado el hambre cero cuando todas las mujeres y todos los hombres, en todos los territorios, tengan seguridad alimentaria y estén libres de cualquier forma de malnutrición".
Sin embargo, se estima que en 2030 el hambre en la región afectará a 67 millones de personas, sin contemplar las repercusiones de la pandemia del COVID-19, aunque los organismos consideran que es posible "augurar un aumento significativo del hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición en los próximos años". 

Pandemia de hambre

La situación generada por el COVID-19 es "dramática" y llevará a la región a una "pandemia de hambre", dijo el director regional para América Latina y el Caribe del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, Miguel Barreto.
"Estamos en una situación dramática, con el COVID-19 esto se está transformando en una pandemia de hambre, ya que uno de cada tres habitantes de la región no tiene acceso a alimentos nutritivos y suficientes", dijo Barreto.
El funcionario advirtió que "de mantenerse esa tendencia, se aleja la posibilidad de cumplir la meta de hambre cero de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, porque en 2030 habrá 67 millones de personas con hambre en la región, sin considerar el impacto del COVID-19".
Si bien el estudio no profundiza en las cifras de los últimos meses, el especialista indicó que entre marzo y agosto se pasó de 3,4 a 17 millones de personas que padecen inseguridad alimentaria severa.
En el caso de América Central, Barreto destacó que al COVID-19 se sumaron los huracanes Eta y Iota, creando "una tormenta perfecta" que impacta sobre unos cuatro millones de personas.

Hambre infantil

Por su parte, Julio Berdegué, representante regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para América Latina y el Caribe, indicó que "hay niños y niñas en el continente que viven en condiciones propias de países como Burkina Faso, Congo, Zimbabwe y Haití", principalmente habitantes rurales, indígenas y afrodescendientes.
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El funcionario agregó que 104 millones de personas en la región no pueden pagar una dieta saludable por la desigualdad económica, un problema que se ha profundizado a partir de la llegada del COVID-19.
En este esquema, 84 millones de niños dependen de programas de alimentación escolar y diez millones tienen como única comida del día la que reciben en la escuela.
"Atravesamos el año más grave en salud nutricional en muchas décadas, pero no podemos olvidar que hay territorios en los que niños y niñas viven desde hace décadas en situaciones tan graves como las que todos estamos viviendo ahora", afirmó Berdegué.
A su vez, el director regional adjunto para América Latina y el Caribe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Youssouf Abdel-Jelil, expresó su preocupación por los problemas de malnutrición que se registran en zonas rurales y urbanas pobres, donde coexisten el bajo peso con la obesidad.
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En ese sentido, llamó a establecer políticas públicas que atiendan a las madres desde el embarazo, promoviendo la lactancia materna exclusiva y la incorporación de alimentos nutritivos en el momento adecuado.
En un contexto de alta vulnerabilidad, destacó que "el COVID-19 ha dejado a millones de familias con menos recursos para comprar alimentos nutritivos, por lo que es fundamental plantear accesibilidad de alimentos a precios accesibles".
En tanto, la directora regional para América Latina y el Caribe del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), Rossana Polastrim, dijo que el informe evidencia la necesidad de invertir eficientemente en zonas rurales, que presentan los niveles más altos de rezago en el desarrollo, lo que lleva a la coexistencia de desnutrición y sobrepeso.
Polastrim agregó que la agricultura cumple un rol fundamental en la promoción de sistemas alimentarios adecuados y señaló que "invertir en mejorar la calidad de las dietas es clave para abordar el hambre y el sobrepeso".
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Finalmente, el director del Departamento de Enfermedades no Transmisibles y Salud Mental de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Anselm Hennis, dijo que "2020 será recordado como el año de la pandemia, en el que más de 60 millones de personas en todo el mundo se han infectado y más de un millón de personas han muerto; además ha aumentado el desempleo, la pobreza y reducido el acceso a los servicios de salud".
En este marco, consideró necesario trabajar para la transformación de los sistemas alimentarios "para hacerlos sostenibles" y pidió actuar de manera integral, porque "la complejidad y magnitud de la malnutrición es demasiado grande como para que una sola agencia pueda resolverla".
El informe fue elaborado por FAO, el FIDA, la OPS, UNICEF y el WFP.
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