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Carlos Mugica, el cura de los pobres cuyo legado vive en el corazón de una villa argentina

El 7 de octubre es el Día Nacional de la Identidad Villera en Argentina, en homenaje al natalicio de Carlos Mugica, cura vinculado al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y la lucha popular de las décadas de 1960 y 70. Fundó la parroquia Cristo Obrero en la Villa 31 de Buenos Aires y murió asesinado por la represión parapolicial en 1974.
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La Villa 31, ubicada históricamente en la zona de Retiro de la ciudad de Buenos Aires, es una de las aglomeraciones de viviendas precarias más antiguas de Argentina, que se remonta a la década de 1930, y donde viven alrededor de 60.000 personas. Por su ubicación central, su visibilidad por cercanía a las vías del tren y a los barrios más ostentosos del país, es también un símbolo del contraste social.
Tiene como nombre oficial Barrio Padre Carlos Mugica, en honor al fundador de la corriente de curas villeros en Argentina, vinculado al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo que iniciaron párrocos católicos en países en vías en desarrollo, y quien fuera referente y mártir de las luchas populares durante las violentas décadas de 1960 y 70.
El 7 de octubre, en homenaje a su fecha de nacimiento, se conmemora en el país el Día Nacional de la Identidad Villera, que busca reivindicar el lado humano de la cultura en los barrios populares, las vidas y las voces de quienes los consideran parte fundamental de sí mismos, más allá de los aspectos negativos que resaltan por el contrapunto.
La fecha conmemorativa fue sancionada por ley en 2014 durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) con el objetivo de resaltar los valores que componen la identidad villera como "la solidaridad, el optimismo, la esperanza, la generosidad, la humildad y el valor por lo colectivo".
"La gente es muy trabajadora. Yo tengo un negocio y abro todos los días a las 6 de la mañana y veo la gente a mansalva que se va a trabajar. Durante la pandemia, la gente trabajó sin descansar, creció muchísimo la gastronomía y los comercios locales ante la falta de trabajo afuera del barrio", contó a Sputnik Saúl Sánchez, vecino desde hace 30 años y dueño de un comercio de alimentos.
Saúl Sánchez, vecino del barrio hace 30 años y dueño de un comercio de alimentos

¿Quién fue el padre Mugica?

Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe nació el 7 de octubre de 1930 en la ciudad de Buenos Aires. Su padre fue el abogado, ingeniero y político de carrera Adolfo Mugica, fundador del Partido Democrático Nacional (PDN) y Canciller en 1961 durante el gobierno de Arturo Frondizi (1958-1962). Su madre, Carmen Echagüe, era heredera de una familia terrateniente.
A los 21 años abandonó sus estudios universitarios en Derecho para ingresar en el seminario.
En 1954, comenzó a trabajar en la asistencia de familias empobrecidas en la ciudad de Buenos Aires y se acercó al popular movimiento político del peronismo, así como a algunas ideas del revolucionario argentino Ernesto Che Guevara, y a la Teología de la liberación de sacerdotes latinoamericanos.
Su labor social y religiosa se caracterizó por la "opción preferencial por los pobres", principio fundamental de la Teología del Pueblo, versión argentina de la Teología de la Liberación latinoamericana que evitó el concepto de lucha de clases para proponer la dicotomía entre la defensa de lo popular y el rechazo del bien común por parte de las oligarquías.
La mayor parte de su trabajo comunitario tuvo lugar en la Villa 31 de Retiro, donde fundó la parroquia Cristo Obrero.
Fue uno de los 270 sacerdotes que el 31 de diciembre de 1967 adhirieron a lo que desde abril de 1968 pasó a llamarse Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. A diferencia de otros sacerdotes tercermundistas, Mugica se alejó de la justificación teológica de la violencia armada.
En 1973, se publicó un libro titulado Peronismo y cristianismo, con fragmentos de artículos escritos por él durante la autodenominada Revolución Argentina, dictadura que desencadenó insurrecciones populares y potenció el fortalecimiento clandestino del peronismo, proscrito desde el derrocamiento del expresidente Juan Domingo Perón (1946-1955).
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Ese año, regresó Perón de su exilio en España, se levantó la prohibición y se reanudó la democracia, que llevaría al inicio del tercer mandato del líder político. Pese a haber sido inspiración de los fundadores de Montoneros —el grupo guerrillero de resistencia armada peronista activo durante los años de proscripción—, Mugica apoyó la postura conservadora del Gobierno, que a su vez rechazó la vía revolucionaria y se alejó de ideas socialistas de las juventudes dentro del movimiento.
Mugica fue asesinado a balazos el 11 de mayo de 1974 después de celebrar misa en la iglesia de San Francisco Solano, en Villa Luro, barrio de la zona oeste de la ciudad de Buenos Aires. Fue emboscado y ejecutado por el grupo parapolicial de extrema derecha Triple A, la Alianza Anticomunista Argentina, que respondía al ala más reaccionaria del peronismo, encabezada por José López Rega, entonces ministro de Bienestar Social.

Identidad villera, cultura popular

Alrededor de 60.000 personas viven en este barrio en construcciones precarias
Los barrios populares en las áreas más densamente pobladas de Argentina están integrados al paisaje urbano, pero marginados en todos sus sentidos: con hacinamiento y enormes carencias en infraestructura sanitaria y de servicios básicos. También existen asentamientos en las periferias, donde la precariedad es aún mayor. Pero el espíritu es el de lucha ante las adversidades.
"En el barrio somos personas solidarias, que a pesar de todos los problemas que uno tiene siempre salimos adelante, le damos pelea, ponemos el pecho a las problemáticas, buscando y generando trabajo, nunca estamos de brazos cruzados", dijo a Sputnik Miriam Suárez, vecina y coordinadora de un comedor popular de la organización social Barrios de Pie.
Miriam llegó al barrio hace 16 años junto con su expareja y sus cuatro hijos. Hoy se las arregla sola con la menor y es una de las referentes sociales de la colaboración en comunidad. Durante la pandemia, la ayuda y el trabajo social y solidario demostraron ser indispensables ante las dificultades que sumó la emergencia sanitaria entre la población más vulnerable, sobre todo en asuntos como la educación, la salud y la alimentación.
"Siempre estamos apoyándonos entre vecinos cuando el Estado no se hace responsable. Las organizaciones sociales damos de comer a mucha gente, durante la pandemia hemos trabajado lo más que hemos podido para que la gente no sufra tanta necesidad", contó.
Miriam Suárez, coordina un comedor popular en su casa en el barrio, donde vive hace 15 años
A pesar de la relevancia cultural, económica e histórica, los barrios populares y sus habitantes son fuertemente estigmatizados. Los valores de la enorme población trabajadora es opacada en el imaginario social externo por el discurso de odio, los prejuicios de clase y la pauperización cultural en la que la reducen los discursos hegemónicos, y también en la forma de señalar a los barrios al retratar fenómenos sociales complejos como el consumo problemático de drogas y los crímenes violentos.
"Algunos medios de comunicación y la gente que no vive en el barrio nos caratula como una villa donde somos todos delincuentes, pero eso es mentira, delincuencia hay en todos lados. Hay muchos emprendedores en el barrio, la gente sale tranquilamente a las plazas, hay mucha solidaridad entre vecinos", comentó Saul.
El comerciante destacó el trabajo de urbanización que comenzó a realizarse en el barrio hace algunos año por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, un programa de avance lento y complejo debido a que implica la reubicación de familias enteras para calles y espacios de ventilación donde hoy hay construcciones apelmazadas y amontonadas entre pasillos.
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En los barrios populares, casi siete de cada 10 jóvenes no terminan la educación secundaria, frente a tres en el resto de Buenos Aires. Un 74% de la población no tiene cobertura médica contra un 19% en el conjunto de la capital argentina. Sus habitantes tienen apenas unos escasos 0,8 metros cuadrados de espacio público, en comparación con los seis metros de los demás vecinos.
El Barrio Padre Carlos Mugica comenzó con algunas familias desperdigadas en casillas, pero hoy es un complejo entramado que cuenta con 10 secciones y decenas de miles de habitantes.
La organización popular es primordial ya que deben encargarse ellos mismos de todo ante la falta de acceso del Estado para funciones como la salud, la recolección de residuos o el manejo de incendios, uno de los principales problemas que viven los vecinos debido a las precarias instalaciones eléctricas.
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Según datos del Ministerio de Desarrollo Social a partir de un relevamiento realizado entre 2016 y 2017, en el país hay más de 4.000 barrios populares, que se definen como con al menos ocho familias agrupadas donde más de la mitad de la población no cuenta con título de propiedad del suelo ni acceso regular a menos dos servicios básicos: agua corriente, energía eléctrica, cloacas. Allí —y así— viven cerca de tres millones de personas en Argentina.
Esa misma cantidad de habitantes tiene la ciudad de Buenos Aires, el distrito más rico del país, donde el contraste socioeconómico es más rotundo. Se calcula que 6% de quienes viven en la capital nacional radican en lo que se conoce coloquialmente como villas o asentamientos de emergencia.
Según datos del Relevamiento Nacional de Barrios Populares, en el conurbano bonaerense, que rodea la capital porteña, hay más de 1.600 barrios informales, villas urbanizadas y asentamientos de emergencia, donde viven alrededor de un millón de personas. El 15% carece de agua potable y 30% no cuenta con red cloacal.
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