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El mercado de usados que crece a la par de la crisis económica en Argentina

Manteros y puestos de mercadería de segunda mano rodean las terminales de ómnibus y trenes de Retiro en la ciudad de Buenos Aires. La necesidad de sustento entre vecinos de la cercana Villa 31 hizo que la feria duplicara su oferta y se instalara el trueque y el intercambio de productos, muchos recuperados por recolectores urbanos o por donaciones.
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Calzado de todos los tipos, calidades y condiciones; alimentos al menudeo; juguetes de otra época. Ropa formal, deportiva y de trabajo; artículos de tecnología obsoleta; piezas de anticuario de poco valor. Utensilios y cacharros de cocina; herramientas de albañilería y ferretería; cargadores de dispositivos con sus enchufes y cables, muchos cables.
Los puestos improvisados sobre tablones de madera, cajones de plástico y barriles de metal se extienden desde el ingreso de la calle Perette al Barrio Padre Carlos Mugica, más conocido como Villa 31, hasta las avenidas que rodean la principal terminal de ómnibus de larga distancia de Argentina y las imponentes cabeceras de las líneas de trenes San Martín y Mitre, en el barrio porteño de Retiro.
"Esta parte de la feria, frente al [supermercado] Coto, tiene ya varios años, nosotros estamos desde hace mucho. Antes de la pandemia se vendía bien, nos alcanzaba, pero con la cuarentena empezó a venir mucha más gente a vender. Los fines de semana hay mucha competencia, pero no hay tanta gente que compre; esos días aprovecho para cartonear y conseguir ropa", contó a Sputnik Martín, que atiende un puesto con su mujer, Yolanda.
El mercado dentro del Barrio Padre Carlos Mugica vende imitaciones nuevas y alimentos frescos
El empeoramiento de la crisis económica que provocó la pandemia entre la población más vulnerable llevó a que los vecinos montaran aún más puestos y que el recorrido de este mercado informal de mercadería usada se extendiera todavía más a través de manteros.
El puestero, que se dedica exclusivamente a la indumentaria, comentó que la gran parte de los artículos a la venta son recuperados de los contenedores de desechos de las zonas más pudientes de la ciudad, y otra parte son donados por la gente en sus recorridos. Los lavan, desinfectan y, si hace falta, los cosen y arreglan.
Andrés, supervisor del obrador e integrante del Movimiento de Villas y Barrios Germán Abdala
A ambos lados de la vereda, abundan la mercadería de segunda mano, pero también hay algunos puestos de comida al paso. A medio camino, frente a la entrada de un obrador, un cartel ofrece chequeos de presión y de salud a la comunidad.
"Tratamos de ayudar a la integración en los oficios a los vecinos. Los planes sociales son necesarios, pero tenemos que insistir mucho en que no se pierda la cultura del trabajo en las nuevas generaciones. Los vecinos necesitan aprender alternativas de trabajo y no perder la esperanza en tiempos tan difíciles", dijo a Sputnik Andrés, supervisor del obrador e integrante del Movimiento de Villas y Barrios Germán Abdala.

Un recorrido, varias ferias

El barrio, que creció históricamente en los terrenos que se extienden entre las vías del tren y el Puerto de Buenos Aires, sobre el Río de la Plata, es una de las aglomeraciones de viviendas precarias más antiguas de Argentina, que se remonta a la década de 1930, y donde viven hoy alrededor de 60.000 personas.
Dentro del barrio se encuentra el mercado más antiguo, que tiene 20 años, con puestos bien montados, instalación eléctrica y lonas del Gobierno porteño, donde se venden artículos nuevos, sobre todo imitaciones de importación china, además de alimentos frescos.
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La feria de segunda mano no para de crecer desde la Villa 31 hasta las terminales de Retiro
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La feria de segunda mano no para de crecer desde la Villa 31 hasta las terminales de Retiro
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La feria de segunda mano no para de crecer desde la Villa 31 hasta las terminales de Retiro
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La feria de segunda mano no para de crecer desde la Villa 31 hasta las terminales de Retiro
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La feria de segunda mano no para de crecer desde la Villa 31 hasta las terminales de Retiro
Ese mercado tiene uno de sus extremos en la entrada del barrio. A un costado está el predio de la terminal de ómnibus y sobre la calle Perette, en los 200 metros que separan el barrio de la avenida Antártida Argentina, se extiende la feria de usados, que tiene 10 años, en la que se vende ropa, alimentos a menudeo provenientes de bolsones, y también objetos recuperados, como un mercado de pulgas de bajo presupuesto.
"Antes la gente tenía más plata en los bolsillos, hoy muchas veces intercambiás entre puesteros ropa por comida, o se acercan de otros lados a ofrecerte cosas a cambio de otras. El trueque creció mucho", dijo a Sputnik Verónica, al frente de un puesto de miscelánea.
En los últimos meses, comenzó el fenómeno de la aparición de manteros sobre la Antártida Argentina, que son quienes tienen la oferta de artículos más precarios y ningún tipo de infraestructura: apoyan las cosas sobre la calle y esperan el interés de los curiosos. Este tipo de venta ambulante es perseguido en las zonas comerciales más importantes de la ciudad, pero por ahora aquí sobrevive.
Por esto, hoy existe un recorrido continuo de venta callejera que conecta el mercado dentro del barrio, sigue con la feria de usados, continúa con los manteros y conecta con los puestos instalados enfrente de las terminales de transporte.
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Los manteros son la parte más nueva del recorrido de venta de artículos recuperados
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Los manteros son la parte más nueva del recorrido de venta de artículos recuperados
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Los manteros son la parte más nueva del recorrido de venta de artículos recuperados
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Los manteros son la parte más nueva del recorrido de venta de artículos recuperados
Estos últimos son los que aprovechan el caudal de pasajeros y de las personas que trabajan en el puerto, en Correo Argentino, los tribunales de Justicia federal de Comodoro Py o los edificios de Prefectura, Gendarmería y Fuerza Aérea, ubicados en la zona.
"Esta es nuestra forma de subsistencia, no todos tenemos posibilidades de acceder a los puestos, hay mucha necesidad y es la manera que tenemos de darle de comer a mi nena. No sé si seguiremos mucho tiempo más, pero hasta que nos echen, acá estaremos", dijo a Sputnik Rosario, mantera y madre reciente.
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