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El Edén de los caballos que pasaron por el infierno

El Santuario Winston, ubicado en el municipio de Herradón de Pinares (Ávila) acoge a equinos que han sufrido maltrato o han sido abandonados por su propietarios. El centro se encarga de cuidarlos y ofrecerles una vida cercana a la naturaleza.
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El caballo es sinónimo de fuerza y elegancia. Probablemente, uno de los animales en más alta estima por el ser humano desde el principio de los tiempos. Sin embargo, este aura de magnificencia no tiene por qué traducirse en respeto. En octubre de 2021, 22 équidos fueron decomisados a un tratante de la comarca catalana de Osona por el deplorable estado de salud que presentaban. Agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) detuvieron a un vecino de la Línea de la Concepción (Cádiz) por dejar morir a seis caballos y maltratar a 12 en diciembre de 2020. A nivel social, adquirir uno es símbolo de abundancia. Cuando la existencia de un ser se desvirtúa a la mera posesión arrancan los episodios de desprecio.
Bien lo sabe María Dolores Pérez Molina, fundadora y presidenta del Santuario Winston. Su misión es asegurar el bienestar de los caballos víctimas de abandono y maltrato. "Tuvimos una época en la que los dábamos en adopción. Pero, muchos veían al animal como una cosa y no le daban lo que necesitaba. Simplemente era un capricho. Yo no era lo que quería para ellos", admite a Sputnik Mundo. Ahora, se quedan de por vida.
Caballos pastando en el Santuario Winston (Herradón de Pinares, Ávila)
El centro celebra este 2022 su décimo aniversario. Un enclave en plena campiña abulense por el que han pasado entre 100 y 120 equinos en sus 10 años de historia. En la actualidad, 57 caballos, dos burras y una poni corretean por casi 50 hectáreas de pradera. Junto a estos, una cabra, dos ovejas, perros, gallinas y gatos, también supervivientes de golpes o hambrunas. Árboles, hierba y piedra componen su nuevo hogar. La naturaleza es la que abriga a sus residentes, no el establo.

"La idea es que su día a día se parezca lo más posible a la vida normal de un caballo. Queremos que hagan su vida. Que se alimenten de manera independiente, siempre que sea posible. Que busquen cobijo bajo los árboles, como hacen los animales que viven en libertad. Al final, tener a un caballo en un box no es lo natural. Nuestro objetivo es que vivan como lo que son", destaca Pérez.

Las ataduras no existen en el refugio. Tampoco las sillas de montar. Es la filosofía del proyecto. Desde el centro intentan que los equinos pasen lo mejor posible sus últimos días tras una vida de sufrimiento. Este es el particular homenaje de Pérez a esta especie de mamíferos. "A mí me regalaron un caballo con 38 años. Era el sueño de mi vida. Falleció a los dos años de estar conmigo. Me dolió mucho porque él me había enseñado muchas cosas. Quise devolvérselo de alguna manera. Y aquí estamos", confiesa la presidenta del Santuario Winston. Animal que da nombre al lugar.

La vida en el refugio

Las bajas temperaturas de la Tierra de Pinares queman los pastos en invierno. Así, cada día de la estación más fría del año, Pérez y su hijo José Manuel, los dos únicos trabajadores permanentes del Santuario Winston, cargan sacos de avena y recorren las fincas para alimentar a los animales. En el momento que la hierba reverdece, los propios equinos se encargan de buscar su comida. Entonces, la actividad se centra en garantizar su acceso al agua, limpiar las fincas de excrementos o arreglar vayas. "No es tanto el trabajo, porque los animales no están encerrados, pero es verdad que en el campo siempre hay cosas que hacer", comenta la fundadora del refugio, que ocasionalmente recibe la ayuda de voluntarios.
Trabajos en el Santuario Winston (Herradón de Pinares, Ávila)
Además del traje de cuidadores, también se enfundan el de sanitario. Cuando ingresa un caballo se le realizan todas las curas necesarias y se revisa su estado de salud. Si el problema de salud se agrava, un veterinario interviene quirúrgicamente en los boxes que tiene el Santuario Winston exclusivamente para los equinos enfermos. En última instancia, el animal es trasladado al hospital. La fundadora ha visto desde cólicos, primera causa de muerte en esta especie, hasta heridas en un ojo. "A pesar de transmitir fortaleza, los caballos son muy delicados", afirma Pérez.
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A su sensible anatomía hay que unir el estado en el que acostumbran a llegar al centro. "Hemos tenido casos tremendos de abandono y maltrato. Algunos tan solo duraban 48 horas en el santuario. Con otros que te pasabas cinco horas al día para curar las llagas que presentaban", asevera. Es habitual que los huesos de los equinos se marquen sobre su piel por la desnutrición. Las lesiones, malformaciones o heridas son corrientes. Incluso, aparecen yeguas embarazadas. También guardan problemas psicológicos, como el miedo a los humanos o la depresión. Males resultantes de su anterior vida.
Según Pérez, la monta acostumbra a ser causante de numerosos daños en cuerpo y mente del animal. "El hecho de que se le monte es maltrato, ya que el caballo no está diseñado para ello. En otras épocas eran medio de transporte y necesarios para el trabajo, pero hoy en día es castigarlos por diversión. Hay que pensar que la hípica es cruel. Desde forzarlos a correr con un peso encima hasta el hierro que se les pone en la boca. Acaban con la espalda y las patas destrozadas", argumenta Pérez.
Caballos en el Santuario Winston (Herradón de Pinares, Ávila)
Precisamente, en agosto de 2021, fue traído un caballo de carreras. En su caso, no corrió a causa de una deformación en la pata. Un problema que se le podría haber solventado en los primeros meses de vida con el uso de una tablilla. Su destino iba a ser el hospital veterinario, donde serviría para las prácticas de los estudiantes. No obstante, terminó en las praderas de la provincia de Ávila. Tiene seis años y padece de artrosis, pero tiene una nueva oportunidad.

La dificultad de mantener un santuario

No obstante, no todas las historias tienen un final feliz. Una de las yeguas del centro se partió una pata y tuvo que ser operada en el hospital. Pese al esfuerzo de los veterinarios, ni las costuras ni los tornillos aguantaron en su sitio. "No se pudo hacer nada más por ella. No nos quedó más remedio que sacrificarla", lamenta la fundadora del Santuario Winston.
Su tratamiento acarreó una factura de más de 6.000 euros. Y es que el coste de manutención de un caballo no es bajo. Como mínimo, se necesitan entre 125 y 130 euros al mes por individuo. Si multiplicamos estas cifras por los 60 equinos que pueblan el santuario, la inversión mensual ronda entre los 7.500 y 7.800 euros. Siempre que los animales estén bien. En caso de necesitar cirugía, los números crecen. Según la página Seguros Equitación, el precio de una operación de cólico puede ascender a los 5.000 euros.
Voluntaria con un caballo en el Santuario Winston (Herradón de Pinares, Ávila)
Los gastos del Santuario Winston son pagados del bolsillo de los propietarios y mediante donaciones privadas. En 2022 el centro recibió su primera subvención a nivel estatal. "Nos dieron 2.700 euros. Creo que es la primera vez que dan una ayuda a los centros de acogida de animales. Es cierto que no da ni para mantener el centro la mitad de un mes, pero es algo", apunta Pérez. Financiación insuficiente para las expectativas de su directiva. "Hemos tenido que dejar de recibir animales. Si tuviera los recursos que quiero, no tendría 60 equinos, sino 500 caballos. Menos mal que nos ayudan vecinos y socios", continúa.
A Pérez le gustaría encontrar una finca de más de 50 hectáreas. Un espacio más amplio en el que fomentar la vida natural de los equinos. Aunque su verdadero deseo sería poder decir que el Santuario Winston ya no es imprescindible. "Espero que en 10 años o más hayamos desaparecido. Significaría que nuestra mentalidad ha cambiado", sentencia. Pero, viendo el estado en el que cruzan las puertas los caballos del refugio, es pesimista. La nota verde la pone el galope de los animales por los pastizales abulenses. Seres supervivientes de una pesadilla.
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